Caín y Caín

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Si hay asuntos desagradables de juzgar, son los que enfrentan a dos miembros de una familia, a menudo hermanos.

En ellos rara vez consigo un acuerdo entre los interesados, por mucho empeño que pueda ponerle. Muchas veces llevan años sin hablarse. E incluso han ido reclutando del lado de su sinrazón a otros familiares que, en lugar de tratar de avenirlos, han tomado postura, contribuyendo así a agrandar la brecha que los separa.

Están en su derecho de recurrir al juez para que les resuelva el problema y yo en la obligación de hacerlo conforme a Derecho.

Pero lo que no llegaré a explicarme nunca es el derroche de esfuerzos que dedican a hacerme ver lo malo que es el otro y, de paso, lo bueno que es el interesado.

Es un trabajo que hacen en balde. Yo no juzgo personas, juzgo hechos. Narrados y demostrados, el Derecho les anuda una consecuencia jurídica que es la que yo declaro.

Todo lo demás sobra. Absolutamente todo.

✍️ Jorge-Oswaldo Cañadas Santamaría.

Don erre que erre

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En juicios declarativos cuya cuantía no supera los 2.000 €, los ciudadanos pueden acudir al juez, sin procurador que los represente, ni abogado que los defienda.

La autodefensa es la opción más arriesgada de las posibles, pero cada cual es muy dueño de defender su vida y hacienda como le plazca o como pueda, considerando lo cada vez más inaccesible de la justicia, desde el punto de vista económico.

El caso es que cuando aparece por la sala de vistas un ciudadano ejercitando su autodefensa, tengo que detenerme a explicarle el contenido de cada fase por la que va a pasar el juicio, para que pueda actuar en ella conforme a las reglas legales.

Pero como todos han visto películas de juicios americanos y, lo que es peor, telebasura española de mediodía judicializando cualquier disputa de vecindonas, ajustar el desarrollo del juicio a sus reglas legales, se torna en no pocas ocasiones tarea auténticamente titánica.

Sea como fuere el fondo del asunto, suele mostrar el perfil de alguien tan indignado por una injusticia, que se decide a llegar hasta el juez para que se la remedie, aunque sea solo y teniendo que vencer las no pocas dificultades que se presentan en su camino hasta la sala de vistas.

De modo que procuro que el ciudadano se vuelva a su casa con la seguridad de que le he escuchado y de que decidiré su asunto como si fuera el más importante de todos, porque como para él lo es, para mí también.

Así que voy a seguir estudiando como resolver uno de esos asuntos, aunque sea fin de semana.

✍️ Jorge-Oswaldo Cañadas Santamaría.

Más vale un mal arreglo que un buen pleito

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Hoy he terminado la mañana con otros cinco juicios civiles celebrados. De ellos, tres se han resuelto por acuerdo entre las partes.

Y es que resulta a todas luces evidente la bondad de resolver los conflictos amistosamente.

Antes de empezar el juicio me reúno con los abogados de las partes para explorar si hay alguna forma de salvar la distancia que separa a sus clientes. Lo más delicado de la tarea es no transmitirles mensaje alguno que les pueda llevar a interpretar que tengo una idea preconcebida sobre la decisión del asunto. De modo que me centro en ver si hay alguna alternativa que no hubieran considerado ya ellos mismos.

Cada conversación es un mundo, pero todas tienen en común la necesidad de disponer del tiempo necesario para no atropellarla y poder propiciar así el acuerdo. Tiempo que es de lo que se nos priva, con un número de jueces muy por debajo de los necesarios para resolver el número de asuntos que tenemos encomendados.

Aún así, recuerdo alguna sesión de más de tres horas de conversaciones.

Resolver un asunto por acuerdo de sus interesados es, inequívocamente, la mejor manera de terminarlo.

✍️ Jorge-Oswaldo Cañadas Santamaría.

Negociando las condenas

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La noticia del día ha sido la condena pactada por un asunto de corrupción política en Cataluña.

España importó hace ya algunos años el modelo americano de negociación de la condena que, en lo fundamental, consiste en que el reo se conforma con la acusación a cambio de una reducción de su pena.

En mi opinión el sistema, bien usado, tiene efectos positivos y demuestra cotidianamente su utilidad.

La cuestión es que se deberían poner límites.

La utilización de la violencia contra las personas, los asuntos que tienen como víctimas a menores de edad o meter la mano en la caja del dinero público, seguramente deberían excluirse de cualquier negociación.

Porque si casi todo el mundo entiende que se pueda llegar a un acuerdo con quien ha cometido un error, casi nadie entiende que se pueda hacer lo mismo cuando el malo es malo de solemnidad o nos ha pegado el palo a todos.

✍️ Jorge-Oswaldo Cañadas Santamaría.

En ocasiones veo muertos

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A lo largo del día he recordado en varias ocasiones la noticia que conocí momentos antes de acostarme, de que un niño de seis años murió atropellado durante la cabalgata de Reyes de Málaga. Era hijo de un médico forense.

Durante nuestro servicio de guardia, cumplimos la misión de acudir donde aparece una persona fallecida respecto de la que un médico no ha certificado su defunción, por no conocer las circunstancias exactas en las que se ha producido. La ley las llama muertes violentas o sospechosas de criminalidad. Nos acompaña la policía judicial, la policía científica y el médico forense.

La mayor parte de las veces se trata de una muerte natural; nada ajeno a nuestra finitud.

Otras, la persona ha tomado la decisión de irse. Libre y voluntariamente ha puesto punto final a su vida.

Pero también ha podido acontecer el óbito por razón de un accidente o de la causación deliberada.

En todos los casos investigamos la identidad de la persona fallecida y las circunstancias en que le sobrevino la muerte, hasta su total esclarecimiento.

Es una tarea dura, desagradable, a la que nunca te acostumbras y que tenemos que encarar con harta frecuencia.

Descanse en paz el pequeño hijo de mi compañero.

✍️ Jorge-Oswaldo Cañadas Santamaría.

Queridos Reyes Magos

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Queridos Reyes Magos:

Os pido que nos traigáis nuevos jueces. Como hay crisis, no se van a convocar oposiciones; pero cuando no la había, tampoco se convocaban las plazas necesarias. En España somos unos 5.000 para unos 47.000.000 habitantes; tocamos a 1 por cada 9.400… En tiempos difíciles todavía es más importante que la Justicia preste un servicio ágil y de calidad a los ciudadanos y para eso son imprescindibles nuevos compañeros. Ello contribuiría a la recuperación económica, a dar salida a cantidad de asuntos atascados en los juzgados, con la consiguiente repercusión económica de cada uno.

También os pido que nos dotéis de buenos medios materiales, sobre todo en tecnologías de la información. Que en los asuntos que lo requieran estén interconectados todos los sujetos intervinientes (juzgados, fuerzas y cuerpos de seguridad, otras administraciones públicas…), para su más rápida y eficaz resolución. Que se vaya implantando el expediente digital, en detrimento de las montañas de papel que nos asolan.

Hay muchas más cosas que pedir. Pero las anteriores son las fundamentales. En particular la primera, la del incremento de la plantilla. Sin ella, poco podremos avanzar. Por eso prefiero concentrar en ella mis deseos.

Finalmente, para mí, en particular, os pido salud, ganas de trabajar, honradez al abordar el estudio de los asuntos, acierto en las decisiones y, ya que me he puesto, continuidad con el blog.

Feliz noche mágica.

✍️ Jorge-Oswaldo Cañadas Santamaría.

Año nuevo, métodos viejos

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Once de la mañana.

Suena el móvil del servicio de guardia.

Ha habido suerte y la noche ha estado tranquila.

Llama un juzgado de Cataluña para pedir datos de la requisitoria de un juzgado de mi partido judicial, con relación a un ciudadano que han puesto a su disposición como detenido.

Aviso a la secretaria judicial quien, a su vez, dispone lo necesario para que un funcionario acuda al juzgado y proporcione al órgano requirente respuesta a lo solicitado.

Definitivamente sí. Este año me pongo con el blog que ya tuve en mente empezar el pasado, pero que se quedó ahí, en mi mente.

Y empezando por los requisitoriados, que ha sido lo primero hoy, el asunto consiste en que cuando detienen a un ciudadano buscado por un juzgado, la policía lo conduce al juzgado más próximo al lugar en que ha sido detenido.

Ese juzgado, los días laborables y en horario de atención al público, contacta con el juzgado que entiende del asunto. Fuera de ese tiempo, lo hace con el juzgado de guardia del partido judicial de que se trate, que tiene que movilizar los recursos personales necesarios para buscar físicamente el expediente del detenido y enviárselo por fax al juzgado en el que se encuentra, para que el juez del mismo adopte las decisiones que correspondan.

Y digo yo… en pleno siglo XXI, ¿no sería posible que el juez a cuya disposición ponen al detenido, pudiera acceder informáticamente a su expediente y contar con todos los datos necesarios, sin tener que activarse los mecanismos que acabo de relatar?. La respuesta está clara: sí sería posible y de hecho lo es para la policía, la Agencia Tributaria o la Seguridad Social, por cierto con un apreciable ahorro de costes de gestión. Pero no lo es para la Justicia, territorialmente fragmentada y empobrecida respecto a los más elementales medios materiales para desempeñar eficazmente su función en la sociedad a la que sirve.

Veremos como transcurre el año.

✍️ Jorge-Oswaldo Cañadas Santamaría.