Labordeta

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Iniciaba la década de los 90 preparando mis oposiciones a juez y lo hacía estudiando por las mañanas en casa de mi tía Carmen. Así me obligaba a pedalear o caminar un rato, dependiendo de como saliera el día en mi ventosa Zaragoza, aprovechando para desentumecerme un poco.

El caso es que mi tía había estudiado en el colegio de Santo Tomás de Aquino, dirigido por Don Miguel Labordeta, trabando amistad con sus hijos y, entre ellos, con José-Antonio.

Un mediodía, al marchar para casa, mi tía bajó conmigo a la calle. No recuerdo dónde iba ella, pero el caso es que salimos juntos de aquel portal de la calle Conde de Aranda y nos encontramos con José-Antonio Labordeta.

Ambos se saludaron y mi tía me lo presentó, explicándole que era su sobrino y que estaba por las mañanas en su casa preparando oposiciones. Me preguntó a qué opositaba y le dije que a juez. Inmediatamente me contestó: «bueno, por lo menos no es a notario».

El caso es que yo ya lo conocía de años antes, cuando como voluntario de la Cruz Roja acudí a prestar servicio a muchos de sus conciertos, siendo normal que saliera a saludarnos a los que nos encontrábamos más cerca del escenario.

Ese era Labordeta. Directo, sincero y cercano. Aragonés. Zaragolense y turolgozano.

Es una pena que el sectarismo que se ha ido apoderando de la política con el paso de los años, especialmente desde que se entiende como profesión y no como servicio, pretenda empañar toda una trayectoria vital de docencia y música, so pretexto de la defensa de unas ideas en la arena política, por mucho que disten de las propias.

Yo me sigo emocionando con su forma de cantar cómo somos en esta tierra. Y no quería dejar pasar este sexto aniversario de su partida sin contarlo.

✍️ Jorge-Oswaldo Cañadas Santamaría

¿Gobierno?. Deja, deja

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Vaya por delante que considero un rotundo fracaso colectivo el hecho de estar sin gobierno, consecuencia de nuestra decadencia social y de la clase política que la representa, llamada por algunos «casta», claro que sólo hasta el momento de incorporarse a ella.

Orillando lo anterior, llevo meses aliviado por la falta de vaivenes legislativos expresados en forma de reformas y reformas de las reformas, previas a su inmediata reforma.

Y es que, si bueno es pilotar el Estado con agilidad normativa para enfrentar todas las cuestiones que precisan regulación, no lo es menos acotar cuáles deben serlo y cuáles no. Y todavía más, producir las reformas legales desde el más amplio consenso político posible, con vocación de permanencia, con buena sistemática y redacción clara, concisa y comprensible.

Ya, ya sé que tal y como está el patio es mucho pedir, pero por desearlo que no quede.

✍️ Jorge-Oswaldo Cañadas Santamaría.

El padre de mi hija

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Escuché por primera vez esta forma de referirse a los ex, de la mano de las «chonis» de la telebasura.

Supongo que al usarla pensaban que era una forma refinada de llamar a la pareja con la que poco tiempo antes habían procreado y ahora no podían ni llegar a mencionar por su nombre.

En pocos años y gracias al declive intelectual que nos asola, la locución se ha hecho de uso generalizado y se ha extendido entre ambos géneros. Y así, el padre de mi hija o la madre de mi hijo, tanto monta.

El caso es que cuando escucho la frase de marras una y otra vez, normalmente de forma recíproca, durante un juicio en el que se ventilan cuestiones de familia, no puedo por más que representarme el profundo rencor que se guardan quienes otrora se quisieron y el sentido posesivo de los hijos comunes que representa el pronombre.

En fin…

✍️ Jorge-Oswaldo Cañadas Santamaría.

La fiebre de los niños exclusivos

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Como encargado de Registro Civil, me compete la inscripción de los nacimientos.

Atrás han quedado los tiempos de las incontables imposiciones de José o María, el nombre de los abuelos o el patrón del lugar.

Pero en los tiempos actuales, nos hemos desbordado.

A las muchísimas inscripciones de hijos nacidos de una pareja extranjera, con nombres que ni sabría escribir, ni pronunciar, se une la fiebre de la elección del nombre más raro posible por parte de los progenitores patrios.

Se trata, a toda costa, de que el bebé que viene al mundo sea distinto a todos.

Y para ello se buscan nombres celtas, mayas, visigodos o de cualquier otra cultura ancestral. Todo con tal de que no se hayan escuchado antes.

Los resultados varían. En algunas ocasiones, las menos, se producen nombres originales. Pero las más, me viene a la cabeza el bebé que inscribo, ya de mayor, pasando factura a sus papás por la ocurrencia.

Lástima que pocos de esos padres perseveren en la búsqueda de la distinción de sus hijos, a lo largo de sus trayectorias vitales, por la excelencia de sus cualidades personales y se queden en la etiqueta del nombre.

Lo cierto es que a mí los bebés me parecen todos iguales o muy parecidos, a diferencia de los hombres y mujeres en los que se convierten con el paso de los años.

✍️ Jorge-Oswaldo Cañadas Santamaría.

Libre, libre, quiero ser…

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Incidencia no menor que se nos presenta cotidianamente en el juzgado de guardia, es la solicitud de libertad de un preso preventivo al haber pagado la fianza fijada por el tribunal que decidió sobre su situación personal.

Un primer problema surge cuando el dinero se paga mediante transferencia, sin contar con que el sistema de compensación bancaria no abona la cantidad en la cuenta del juzgado hasta el día siguiente. Así que se ha pagado, pero no existe constancia alguna auténtica del abono de dicho pago en la cuenta judicial. Este problema es evitable, mediante ingreso directo en la entidad depositaria de las cuentas judiciales, con lo que el abono es inmediato. Pero tiene problemas no menores, como la necesidad de desplazamiento personal a la sucursal o no poder llevar a cabo la gestión fuera del horario de atención al público de la misma.

Un segundo problema viene dado por la imposibilidad del letrado de la administración de justicia -antes llamado secretario judicial- de comprobar los movimientos de las cuentas bancarias de cualesquiera juzgados distintos al suyo. De modo que el ingreso efectuado en la cuenta del tribunal que decidió la medida privativa de libertad, no se va a poder comprobar fuera de sus horas de audiencia por el juzgado de guardia, con especial agravación del hecho en caso de fin de semana o sucesivos días inhábiles. Y todavía dentro de este supuesto, cabe la presentación al juzgado de guardia como justificación del pago hecho, bien de un documento bancario original y sellado, o bien de un documento impreso por el propio presentador consistente en el resguardo de su banca electrónica de haber efectuado una transferencia, con las evidentes diferencias sobre la apariencia de autenticidad de ambos documentos.

En todas estas situaciones, el juez tiene que resolver en el aire. O deja en prisión a alguien por no poder acreditar el pago de una fianza que aparentemente ha hecho, o lo pone en libertad con la real posibilidad de que la justificación de ese pago sea falsa. Total, teniendo al juez como responsable…

La cuestión, de indudable practicidad y repercusión en los derechos fundamentales, sería de tan fácil solución como dotar al ingreso efectuado en una cuenta judicial de irrevocabilidad y control de su autenticidad mediante un código seguro de verificación, lo que permitiría la comprobación informática irrefutable, atemporal y ubicua del pago hecho.

Pero mientras llega tal avance, u otro cualquiera que permita satisfacer igual finalidad a la arcaica administración de la justicia «papel cero», al modo como hace tiempo lo tiene la agencia tributaria, por señalar sólo un ejemplo, las cautelas que conviene observar a la hora de pagar una fianza son:

1.- Consultar la normativa sobre el sistema de pago de fianzas, lo que puede hacerse en el apartado penal de este portal.

2.- Consultar previamente al pago con el letrado de la administración de justicia del órgano que acordó la privación de libertad o del juzgado de guardia, según el ingreso se vaya a dirigir a la cuenta bancaria de uno u otro órgano, para asegurarse de que se sigue su criterio práctico al respecto.

3.- Evitar el pago mediante transferencia, para eludir la estancia del dinero en el limbo durante, al menos, 24 horas.

4.- Disponer de un testimonio de la resolución que fija la fianza, con expresión de su firmeza, pues problema adicional que daría lugar para otro comentario, es la búsqueda sin resultado de dicha resolución en el Sistema de Registros Administrativos de apoyo a la Administración de Justicia.

Y mientras esperamos la llegada de la modernidad, podemos solazarnos rememorando el sonsonete de la añeja canción de Los Chichos que da título a este comentario.

✍️ Jorge-Oswaldo Cañadas Santamaría.

Paren el mundo que me bajo

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Son distintas las causas previstas en la ley para suspender un juicio antes de su comienzo. No es infrecuente, sobre todo si litigan dos buenos abogados, que las partes alcancen un acuerdo antes de empezarlo. Tampoco es raro que alguien convocado a juicio no pueda acudir por razón de fuerza mayor. Y tantas otras.

Me quiero detener aquí sobre el momento oportuno para solicitar del tribunal la suspensión del juicio. Y tal debe ser el más inmediato posible a conocer la razón obstativa que sea.

No se trata de ver si concurre causa legal para acordar la suspensión, que suele darse, sino de si la parte solicitante podría haber hecho su comunicación con antelación suficiente para sustituir su juicio por otro. Y este segundo examen se suspende con desalentadora frecuencia.

Estamos todos de acuerdo en que la carga de trabajo que pesa sobre los tribunales supera la del que podrían abarcar de manera razonable. También en el valor de la impartición rápida de la justicia.

Desde esas premisas, resulta poco edificante asistir a solicitudes de suspensión de juicios que se presentan el mismo día en que habría de celebrarse.

Como abogado, he pasado muchos años esperando a las puertas de los juzgados que me llegara el turno de entrar a juicio. Precisamente por eso, como juez, procuro que los señalamientos no causen dilatadas esperas a los que tienen que acudir a ellos, aunque no siempre llegue a conseguirlo.

Pero sin la implicación solidaria de los representantes y defensores de los ciudadanos en la distribución de tiempos en la administración de justicia, surge la pregunta de si no es mejor asegurar que el tribunal no pierda un sólo minuto del tiempo que no tiene, aun a costa de la espera de quienes acuden a él para ser atendidos.

Mirar alrededor en la mayor parte de las dependencias administrativas de concurrencia pública, puede dar la respuesta.

No obstante, lo seguiré intentando.

✍️ Jorge-Oswaldo Cañadas Santamaría.

Corrupción

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Esta mañana, de camino al trabajo, he coincidido con las mismas personas con las que suelo hacerlo habitualmente. Llevamos un horario y camino parecidos, así que solemos cruzarnos. Supongo que hace años nos habríamos intercambiado un saludo, pero de eso, en los tiempos que corren, ni hablamos…

El caso es que durante un buen trecho he llevado detrás una pareja que conversaba en un tono de voz alto que hacía imposible no oír.

Pues bien, una de las señoras le contaba a la otra como se había concertado con su jefe, propietario de un establecimiento de hostelería, para fingir un despido, teniendo claro que eso no le daba derecho a indemnización alguna, pero que le servía para cobrar el paro al que de otro modo no tendría derecho. ¡Con un par!.

Se nos llena la boca hablando de corrupción de la clase política. Pero yo cada vez estoy más persuadido de que el que no la hace, es únicamente porque no puede.

Que pena.

✍️ Jorge-Oswaldo Cañadas Santamaría.

Educación general básica

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Así se llamaba el periodo de estudio obligatorio cuando yo lo cursé. Desde entonces, las sucesivas variaciones que ha sufrido, lo han sido desde la parcialidad y aún el sectarismo políticos. Fruto de ello es la pérdida de su esencia, aquella que reflejaba su nombre.

La reflexión viene a cuento de que no acostumbro a leer los recursos devolutivos que se interponen contra mis decisiones. El tiempo es escaso y la lectura que hago de la resolución que los decide, es suficiente para saber si erré en algo y en qué. Pero en ese trance, me resulta llamativo que cada vez sean más las censuras al abogado recurrente por cargar personalmente contra el juez cuya decisión se revisa.

Ojeando los casos en que sucede tal cosa, aprecio que los abogados autores de los exabruptos adolecen de enormes carencias de conocimientos jurídicos y, en muchas ocasiones, también de lengua, en sus dimensiones gramatical y ortográfica y de lógica, en el plano de expresión.

Al hilo de todo esto, en los últimos días también he leído en blogs jurídicos de diversa factura, enriquecedoras reflexiones sobre la mala educación de algunos jueces.

Inicié mi andadura profesional como abogado en 1993 y en esa condición trabajé durante 18 años, hasta hacerme juez. En mis orígenes, eran poquísimos los jueces y los abogados de los que pudiera predicarse su mala educación. Con el transcurrir del tiempo, estimo que ambos cuerpos profesionales se han ido degradando en este plano, hasta rozar muchas veces el límite de lo tolerable.

Los malos modos pueden llegar a ser constitutivos de infracción profesional de diverso grado. Ahora bien, siempre, siempre, entrañan falta de respeto y desprecio al servicio público de la justicia y al ciudadano al que todos nos debemos.

La justicia, se pida o se imparta, es, por esencia, conocimiento, reflexión y empatía. Quien no las tenga o las haya perdido, debería volver al principio, a la educación general básica.

✍️ Jorge-Oswaldo Cañadas Santamaría.

A propósito de negociar

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La progresiva judicialización de la vida, evidencia el rotundo fracaso de la sociedad en la resolución de los problemas y, señaladamente, el de los profesionales de la justicia.

Cualquier abogado sabe, o debería saber, que escucharme dar la voz de audiencia pública en la sala de vistas, rubrica su incapacidad y la de su oponente para haber evitado el juicio. Y el juicio es, sin duda alguna, la peor de las soluciones posibles cualquiera que sea la controversia que manejen.

La enorme tasa de litigiosidad que nos asola tiene muchas y variadas causas. Y como esta reflexión no pasa de ser tal cosa y no un estudio doctrinal, me voy a limitar a señalar las que más me preocupan.

En primer lugar, la generalización de un estudio asistemático, parcial y ligero del ordenamiento jurídico, que coloca a sus operadores en el trance de enrocarse en sus posturas por simple ignorancia.

En segundo lugar, el empuje social hacia un modelo de discusión irracional en el que el triunfo de la propia postura se impone sobre cualquier posibilidad de negociación y transacción.

En tercer lugar, el refuerzo de la vinculación entre la subsistencia personal del abogado y la judicialización de los asuntos en que interviene como profesional, fruto del empobrecimiento causado por la crisis económica y el desplome y reducción numérica de la clase media con las alternativas de negocio que ello proporcionaba.

La solución, difícil. No atisbo una mejora de la calidad profesional de los intervinientes en la justicia, a partir de la desolación intelectual del país y la total falta de consenso en la cimentación del sistema educativo. Tampoco veo que la sociedad vaya a sustituir la telebasura, plagada de charlatanes esparciendo miseria intelectual y moral, por la lectura, el estudio y la reflexión. Y, en cuanto al modelo económico, parece que la caída de los paradigmas especulativos y de depredación, no van a dar paso a la construcción de un sistema basado en la sostenibilidad y la solidaridad, sino a alimentar la más trasnochada y descarnada lucha de clases.

En esta tesitura, no me extraña la generalización de la imposibilidad de negociar nada, tampoco la conformación de un gobierno.

✍️ Jorge-Oswaldo Cañadas Santamaría.

Tipos delictivos en el secuestro de los Reyes Magos

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Ha causado cierto revuelo la noticia de que en algunos lugares del «Aquí» de Forges han sido sustituidos los Reyes Magos por Reinas Magas.

Lo cierto es que después de haber vivido el cambio de una dictadura militar a una democracia, cinco papas, seis presidentes del gobierno, el advenimiento de la telefonía móvil o el fin del bipartidismo, hay pocas cosas que me sorprendan. Pero esta es para nota y en el análisis jurídico jocoso, libre e imaginativo de estas fechas, la acción podría situarse a caballo entre la apropiación indebida, la falsedad, la detención ilegal y las lesiones.

La historia, mito o leyenda de los Reyes Magos es propia de la religión católica. A ella pertenece. Puede celebrarse o no. Puede participarse o no. Pero no es apropiable por terceros.

Convocar a la chiquillería a la cabalgata de los Reyes Magos, sustituyendo a sus protagonistas por unas señoras, incurre en falsedad. La historia no puede reescribirse. Es la que es.

Los Reyes Magos atraviesan España una vez al año y luego vuelven a Oriente. Llevan haciéndolo centurias. Y en los últimos cuarenta años, la Constitución les ha reconocido el derecho a circular libremente por todo el territorio nacional. Los derechos fundamentales no pueden ser objeto de privación.

Finalmente, si la idea alternativa de sustituir a los Reyes Magos por señoras no se impone en el imaginario colectivo, se habrá dañado la ilusión de muchos niños que no decrecerán para disfrutar de una noche que sí habrán disfrutado sus padres y que, probablemente, vuelvan a disfrutar sus hijos.

En fin, que me apunto la ocurrencia en mi anecdotario vital y espero que la mayoría, la inmensa mayoría, siga teniendo una noche especial y mágica, como toda la vida.

✍️ Jorge-Oswaldo Cañadas Santamaría.

Formación continua del juez

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Una de las tareas más contradictorias en un juez, probablemente la mayor de ellas, es el estudio.

De una parte es la dedicación más gratificante. Ensancha la mente y conduce a un enjuiciamiento más acertado y justo. De otra, es la más esclava de todas. La tarea es mucha, las fuentes son océanos y la dedicación posible, necesariamente escasa por una carga de trabajo desmesurada.

Hay diversas formas de encarar la formación. De un modo puntual, para su aplicación inmediata al caso examinado. O de un modo más general, mediante la atención a las novedades que se van produciendo en ramas concretas del ordenamiento. La primera pasa por la consulta de la legislación y la jurisprudencia aplicable a la resolución de la controversia, mientras la segunda requiere el seguimiento de publicaciones periódicas, generales o especializadas.

En cuanto al estudio de los materiales conducentes a la resolución del caso concreto, el progreso tecnológico ha facilitado enormemente las cosas y nada tiene que ver el antiguo manejo de textos legales y jurisprudencia en papel, con el actual de bases de datos. En lo que se refiere al seguimiento de publicaciones, la accesibilidad que proporciona la informática, se ha visto contrapesada por la multiplicación exponencial de fuentes. Y es que hoy, para lograr una formación completa, no basta la lectura de una o varias publicaciones tradicionales y conviene bucear en blogs y en redes sociales para descubrir los auténticos tesoros que guardan.

Total, que esta reflexión me ha venido a la cabeza a propósito de que anualmente el Consejo General del Poder Judicial fija un calendario de actividades formativas para jueces y magistrados, ofreciendo la posibilidad de participar en diversas modalidades docentes de variada temática. Dicha programación se suele ofrecer en el último trimestre del año anterior. Por ahora, nada se sabe de 2016…

En todo caso, el esfuerzo y coste que supone la formación, podrían encontrar una forma de optimización en el aprovechamiento de las nuevas tecnologías. Y es que la inmediatez, el fomento de la participación masiva y la accesibilidad de los materiales pasan, indudable, por la formación virtual y a distancia.

✍️ Jorge-Oswaldo Cañadas Santamaría.

Traslados

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En los juzgados, los traslados del personal a nuevos destinos acarrean dos males endémicos. La generación de retraso por el que se va y la vacante de su puesto de trabajo.

La pereza es un pecado capital y, como tal, no sólo propia del sector público. Pero el caso es que cuando un funcionario de la administración de justicia solicita trasladarse, surge en él la tentación de dejar sin resolver aquello que no le apetece. Una vez marcha, comienzan a aparecer expedientes retrasados, en cuantía variable según las expectativas que tuviera de obtener nuevo destino, la falta de profesionalidad del individuo y la de control de sus superiores.

En el caso de los jueces, el mal se ha mitigado exigiendo que en los concursos de traslado se acredite la carga de trabajo pendiente. Pero sería deseable que dicho remedio se aplicara al resto del personal de la oficina judicial, pues mientras tanto el mal persistirá intacto.

A partir de la marcha del compañero, se produce la vacante de su puesto de trabajo. Durante la misma, de tiempo variable pero siempre prolongado bajo el socorrido pretexto de la falta de presupuesto para cubrirla, se va amontonando el trabajo, en ocasiones por sobrecarga del resto de miembros del órgano judicial y en otras por la desidia de los mismos y la falta de mando y control de la oficina.

En esta tesitura y en el mejor de los casos, se provee la vacante con personal interino hasta la llegada del nuevo titular. Habitualmente la falta de preparación de los mismos y la temporalidad de su estancia en el puesto de trabajo, contribuyen a que el problema no alcance solución alguna.

Con la llegada del nuevo titular y algo de suerte, cada vez más suerte, comienza a enderezarse la situación.

Mis recetas para tratar de solventar estos problemas me las callo. Ni me corresponde darlas, ni quiero faltar a mi compromiso de prudencia.

✍️ Jorge-Oswaldo Cañadas Santamaría.

Final de año y de más

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Hoy se acaba el año. En un instante puntual y bien definido, termina el día y da lugar a uno nuevo que inagura otro ejercicio.

Pero hay otros finales que no culminan en un momento preciso y que terminan una etapa que, en su inicio, no tenía fecha de caducidad.

Hace ya algunos años, y con especial intensidad este que termina, tengo la sensación de estar viviendo inmerso en demasiados de esos finales.

El cambio climático, el abandono intelectual, la extensión de la miseria, el hedonismo, los nacionalismos excluyentes, la intolerancia, la globalización del terrorismo, la dejadez profesional…

Podría enunciar muchas más señales. Pero creo que son suficientes para aventurar un final de etapa.

No es la primera vez que la humanidad se enfrenta a un final de civilización. El fin de culturas clásicas o de los imperios son ejemplo de ello.

Pero probablemente sea la primera vez en que el hombre tiene en la mano herramientas suficientes para la destrucción del planeta y de la especie.

Veremos.

✍️ Jorge-Oswaldo Cañadas Santamaría.

Lo juro

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He pasado el cuarto aniversario de mi toma de posesión en el actual destino, prestando servicio de guardia.

Y me ha venido a la mente el juramento que presté escasos días antes de posesionarme del Juzgado.

«Juro guardar y hacer guardar fielmente y en todo tiempo la Constitución y el resto del ordenamiento jurídico, lealtad a la Corona, administrar recta e imparcial justicia y cumplir mis deberes judiciales frente a todos».

Pues en esas seguimos, intentando honrar cada día la palabra dada.

✍️ Jorge-Oswaldo Cañadas Santamaría.

Ramón Badiola Díez

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No tengo el placer de conocerlo personalmente, pero mi compañero, el Magistrado D. Ramón Badiola Díez, forma parte de mi vida cotidiana.

Porque los juristas, cualquiera que sea nuestra dedicación profesional, convivimos existencialmente con el estudio y la reflexión, que se proyectan en nuestra contribución cotidiana a la justicia.

Nuestro combustible intelectual viene dado por multitud de fuentes, cada vez más accesibles, pero también más dispersas, señaladamente estudios doctrinales y jurisprudencia.

Y ahí entra en escena Ramón.

Ya sea en el correo corporativo de la carrera judicial, ya siguiendo su página jurídica «El Actualizador» en la red social Facebook, no hay día que no halle una aportación valiosa de Ramón.

Lejos de atesorar los frutos de su trabajo intelectual, mi compañero dedica una parte nada desdeñable de su esfuerzo a ponerlos a disposición de la comunidad jurídica. Una comunidad que entiende, tal como yo, sin distinciones ni fronteras entre colectivos profesionales, habiendo alcanzado más de 3.800 acompañantes en red.

Haciéndose eco de un auténtico clamor, la Junta de Jueces de Melilla ha propuesto la concesión a Ramón de la Cruz de San Raimundo de Peñafort. La propuesta no puede ser más oportuna y ojalá se materialice.

Como expresión de mi reconocimiento y admiración a un compañero que hace merecido el tratamiento de ilustrísimo señor, mucho más allá del mero formalismo y que engrandece la profesión de juez, desde hoy Ramón cuenta con una mención permanente de agradecimiento en el portal InterJuez.

Mañana, pasado y al otro, al leerte, esbozaré una sonrisa y volveré a pensar, gracias compañero, gracias Ramón.

✍️ Jorge-Oswaldo Cañadas Santamaría.

Despacho vacío

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Al fastidio que supone ir a trabajar con muletas por un esguince de tobillo, se ha unido hoy cierta melancolía al ver el despacho vacío.

Y es que estos dos últimos meses y medio he tenido el honor de compartirlo con un compañero al que he tutelado una parte de sus prácticas como juez.

Aspectos profesionales aparte, ha sido muy reconfortante volver a convivir a diario con la ilusión, las ganas de trabajar, el espíritu de servicio al ciudadano y la conciencia de la responsabilidad que conlleva el oficio.

No llevo mucho en la carrera judicial, apenas 4 años. Pero llevo trabajando en la justicia algo más de 22. Y en ese tiempo he visto muchas cosas. Lamentablemente, las más infrecuentes son las cualidades que acabo de describir en mi compañero Diego. Atesóralas, vale la pena conservarlas.

Buena suerte y aquí me tienes para lo que necesites.

✍️ Jorge-Oswaldo Cañadas Santamaría.

Je suis Parisien

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Cuando nos sobresalta una tragedia como la que tuvo lugar anteanoche en París, la aldea global se estremece y nos acercamos en tiempo real al escenario de los hechos, gracias al avance de la tecnolgía. Y es que hoy todos llevamos un teléfono inteligente en el bolsillo, capaz de tomar fotografías y vídeos y de transmitirlos de forma inmediata a través de Internet.

También las redes sociales bullen y más allá de su inmensa utilidad como vía de comunicación de emergencia, todos sus moradores se sienten concernidos a echar su cuarto a espadas. Y así, junto a los mensajes de sentimiento y solidaridad, las opiniones de todo signo se cruzan de continente a continente.

Dolor, impotencia y rabia aparte, quiero dejar aquí un par de reflexiones.

Cuando todavía se hablaba de una cifra de aproximadamente 60 fallecidos, un abogado con cierto número de seguidores en Twitter, ya se quejaba del recorte de libertades que suponía la declaración del estado de urgencia en Francia y el anuncio de cierre de sus fronteras. Pues bien, el debate acerca de la correlación que puede darse entre el aumento de la seguridad y el recorte de libertades, es perfectamente legítimo. Lo que para mí no lo es, es avivarlo en redes sociales mientras en el mundo real todavía se cuentan cadáveres.

La segunda reflexión es de admiración y sana envidia. Cuando los parisinos desalojaban el estadio de fútbol de Saint Denis, lo hacían entonando su himno nacional. Será que Francia conserva parte de su grandeur, de la que es exponente aquella escena de la inolvidable Casablanca que dejo a continuación.

✍️ Jorge-Oswaldo Cañadas Santamaría

El arte de la brevedad

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El trabajo del juez consiste en escuchar las posturas de dos partes enfrentadas, para luego resolver la controversia que mantienen mediante la aplicación de la ley.

Esa tarea puede llevarse a cabo mediante la celebración de una vista oral o mediante la lectura de los escritos aportados al procedimiento.

Dejando al margen los supuestos en los que el ciudadano puede defenderse a sí mismo, la exposición de los interlocutores profesionales, oral o escrita, debería ser clara, concisa y fundada en Derecho. Aunque, lamentablemente, el discurso así expresado, no es el más frecuente en el foro.

De verdad que para convencer al juez no es preciso arrancar la narración en los albores de la historia, ni repetir el mismo argumento hasta perder el hilo, ni remontarse inexorablemente a la Constitución.

Basta con exponer los hechos con precisión. Articular la prueba idónea para demostrarlos. E invocar el derecho aplicable, tomando en consideración el manejo del mismo que es propio del juez. Así de simple, con todos los matices que se quiera en casos excepcionales.

Y es que la brevedad es un arte y, en los tiempos que corren en la justicia, el más precioso de los tesoros.

✍️ Jorge-Oswaldo Cañadas Santamaría.

Lo que no puede ser, no puede ser y además es imposible

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Salvo la propia inocencia ante una acusación penal, no todo es defendible.

Y cuando uno empeña su vida y hacienda en hacerlo, allá él.

Pero cuando pertrechado en el derecho a ser asistido gratuitamente se lleva adelante una postura manifiestamente insostenible, el sistema entero se resiente porque al otro lado hay alguien que tendrá que pechar con unos costes normalmente elevados y siempre injustos para defender su postura, sin que haya forma alguna real de sancionar al caradura.

Por eso, me llama la atención el escaso porcentaje de dictamenes de insostenibilidad de pretensiones de los abogados que llevan el turno de oficio.

Como me lo llamaba durante los muchos años que ejercí la abogacía, la escasa frecuencia con que se disuadía al ciudadano con recursos de llevar adelante una pretensión a todas luces improsperable.

✍️ Jorge-Oswaldo Cañadas Santamaría.

La justicia, en las nubes

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En ocasiones, de chaval, volvía súbitamente a la realidad con el bufido de algún profesor que me bajaba de las nubes.

Lo digo porque hace un par de semanas que se puso en marcha en Teruel la presentación informática de escritos como parte del proceso para la consecución de un expediente judicial electrónico.

Sinceramente, y lo saben bien quienes me conocen, me gustaría que se me contara entre los partidarios incondicionales de la idea.

Lo malo es que la iniciativa llega tarde y mal.

Lo que funciona en el resto de la sociedad no es ya el soporte digital, que las empresas y muchos particulares usan de forma normal hace aproximadamente una década, sino la computación en la nube que permite el acceso a dicho soporte de forma deslocalizada y multiusuario, como por ejemplo sucede con la banca electrónica.

Además, la incorporación del material documental al manifiestamente mejorable programa de gestión de los Juzgados, impide acceder al mismo no ya desde fuera de las sedes judiciales, sino desde las propias salas de vistas del palacio de justicia. De los fiscales, abogados, procuradores, forenses o ciudadanos concernidos en cada expediente, ni hablamos.

De manera que, por mucho que uno sea un entusiasta de las nuevas tecnologías, lo único que hemos conseguido en este preciso momento es que los documentos que componían cada procedimiento y nos eran aportados por las partes, ahora los tengamos que imprimir a costa del contribuyente para poder tenerlos disponibles en los juicios, preguntar por ellos a los intervinientes y desplazarlos luego a casa para dictar las sentencias. Naturalmente a una cara y en blanco y negro.

Vaya, que el expediente electrónico, o es cloud, o no es expediente electrónico, nos pongamos como nos pongamos.

En fin, por lo que respecta a las nuevas tecnologías, no vislumbramos la nube, porque seguimos en ella.

✍️ Jorge-Oswaldo Cañadas Santamaría.

Champions juez

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La mayor parte de la semana pasada la pasé en El Escorial (Madrid) formándome en un curso de aplicación judicial del Derecho Comunitario Europeo.

Evidentemente, el fruto principal obtenido de la actividad ha sido el aprendizaje de la materia impartida.

Pero otro, desde luego no menor, ha sido coincidir con compañeros de distintas procedencias y dedicaciones profesionales.

No son pocos sobre los que pesa una carga de trabajo auténticamente insoportable. Y aun así, no pierden las ganas de estudiar y formarse, invirtiendo un tiempo que luego tendrán que devolver duplicado a sus tribunales, con recorte de su propia vida personal.

He tenido la ocasión de compartir estancia con alguno de los mayores expertos en la materia, a nivel nacional e incluso europeo. Su sencillez y su generosidad al compartir con todos el fruto de su esfuerzo y su trabajo, han sido tan deslumbrantes como alentadoras.

Vuelvo con la sensación de haber concentrado una semana con las auténticas estrellas de la champions juez.

✍️ Jorge-Oswaldo Cañadas Santamaría.

Enemigos íntimos

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Durante los años en que ejercí la abogacía, traté de entablar la mejor relación posible con mis compañeros de profesión.

Independientemente de la obligación deontológica que ello comporta, tuve la suerte de cruzarme en el camino con magníficos profesionales, de los que aprendí muchísimo.

Afortunadamente, siguen siendo legión.

Por eso, nunca entendí que un Abogado pudiese hacer de la controversia que tenía entre manos cuestión propia y, mucho menos, caer en la desconsideración o la falta de respeto personal al compañero contrario.

Desde mi actual posición en estrados, tengo la ocasión de reforzar a diario la convicción de que la cualidad que distingue al buen abogado del abogado, es la bonhomía.

Lástima que ni esté de moda, ni sea una de las cualidades que el mercado señale como determinante a la hora de elegir letrado.

Pero los mejores abogados no lo ignoran y siguen haciendo de dicha virtud guía de su cotidiana labor profesional.

Y eso ayuda sobremanera a la resolución de los conflictos y a la paz social; en definitiva, a hacer justicia.

✍️ Jorge-Oswaldo Cañadas Santamaría.

Tierra llamando a Señoría

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Ayer me vi en la necesidad de llamar a otro juez de guardia, con relación a una incidencia que afectaba a la libertad de un detenido.

Así que busqué el directorio informático de jueces de guardia y sus teléfonos. Pero no lo encontré.

Luego pedí que me dieran la guía correspondiente, que supuse parecida a las viejas páginas amarillas, pero tampoco.

A la tercera pregunté.

La respuesta del funcionario de la oficina judicial más antiguo en el oficio, fue que la gestión se seguía haciendo por el tradicional método de llamar al cuartelillo de la Guardia Civil correspondiente para preguntar por el juez y su teléfono.

Dicho y hecho.

Segunda década del siglo XXI.

Y de verdad que lo relatado no es broma.

✍️ Jorge-Oswaldo Cañadas Santamaría.

Sistema informático ¿de gestión?

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Ayer por la tarde puse en libertad a una persona que se encontraba en situación de prisión provisional, al abonar la fianza que se le había señalado para poder eludirla.

Así dicho, parece fácil. Pero no lo es.

Resulta que su prisión provisional venía acordada por otro juzgado de mi partido judicial, cuya decisión había sido revisada por la Audiencia Provincial al mediodía y ya terminado el horario de trabajo. Es decir, que ni el juzgado que acordó la medida, ni el mío de guardia podían tener noticia alguna del asunto.

Por la tarde nos llamó su abogado por teléfono para hacernos llegar la decisión de la Audiencia por fax e informarnos de que la fianza se había depositado en la cuenta bancaria del juzgado.

Pues bien, el sistema de gestión informática de los juzgados no permite saber si la resolución que nos mandaron es auténtica o una falsificación, ni el acceso al expediente de la persona concernida, ni nada que no sea producir cantidades ingentes de papel, la mayor parte prescindible.

Dicho sistema es propio de cada Comunidad Autónoma y carece de conexión, no ya con el resto del Estado, sino con los demás órganos jurisdiccionales del territorio.

Por lo demás, los jueces y secretarios judiciales seguimos firmando los papeles a mano, pese a disponer de una tarjeta criptográfica dotada de firma electrónica avanzada, por no haberse implementado sistema alguno para su utilización, privando así al documento de otro posible medio de comprobación de su autenticidad.

Mira que sería fácil la interconexión y que incluso hay cientos de aplicaciones de software libre para hacerlo, pero así estamos, permanentemente con el alma en un hilo…

✍️ Jorge-Oswaldo Cañadas Santamaría.

Excelencia individual

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Desde que me incorporé a la Administración pública como funcionario de carrera, tengo para mí que la mejora del sistema sólo puede venir de la mano de la excelencia individual en el desarrollo de la propia tarea.

Ejemplo de lo anterior son los tres Guardias Civiles, integrantes del Grupo de Rescate Especial de Intervención de Montaña, que ayer dieron su vida al acudir en ayuda de un montañero herido.

Admiración, gratitud y tristeza.

Descansen en paz.

✍️ Jorge-Oswaldo Cañadas Santamaría.

Burocracia

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Esta mañana, como todas, la oficina judicial ha incoado nuevos procedimientos.

El primer paso es introducir en el sistema informático los datos de los distintos intervinientes.

Pues bien, me resulta inconcebible que en el estado actual de la técnica, particularmente de la informática, resulte necesario introducir unos mismos datos, en cada una de las sedes administrativas por las que pasa un expediente (policía, juzgado de guardia, juzgado destinatario del asunto, fiscalía, hacienda, seguridad social…), incrementando exponencialmente la posibilidad de error y perdiendo un tiempo que no tenemos.

No alcanzo a entender que no haya una base de datos general de la que tomen los precisos todas las administraciones y dependencias públicas que los necesiten, con la sola introducción de uno de ellos, por ejemplo, el número de documento nacional de identidad.

✍️ Jorge-Oswaldo Cañadas Santamaría.

La esencia de la ley

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La legitimidad de la Ley, en su origen, precisa emanar del pueblo soberano a través del poder legislativo.

Pero eso no basta.

La ley, como instrumento de regulación de la convivencia, debe configurar un Estado social y democrático, promoviendo la libertad, la igualdad y el pluralismo político, de modo que se perciba por la mayoría como justa y orientada al bien común.

Si falla dicha percepción, algo no funciona.

✍️ Jorge-Oswaldo Cañadas Santamaría.

Compañeros de promoción

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Este fin de semana he tenido la suerte de ser visitado por sorpresa por un compañero de la 18 promoción de Magistrados del turno de juristas de reconocida competencia.

Compartimos un mes de estancia en la Escuela Judicial en Barcelona y, en tan corto espacio de tiempo, trabamos, como con el resto de los compañeros, una amistad entrañable que recuerda a las que antaño se hacían en la mili.

Al conocerlos, me abrumó el bagaje de conocimientos jurídicos y experiencia vital y profesional que acreditaban.

Pero hoy, cuando tengo la oportunidad de retomar el contacto con cualquiera de ellos, me vuelve al pensamiento su mejor activo; uno que, a mi modo de ver, es decisivo para ser un buen juez: su bonhomía, en el sentido machadiano de la palabra.

Gracias por tu visita Fernando.

✍️ Jorge-Oswaldo Cañadas Santamaría.

35 Años de Constitución

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Ayer asistí en la Subdelegación del Gobierno, como cada año, a la conmemoración del aniversario de la ratificación en referéndum por el pueblo español de la Constitución de 1978.

Me vinieron a la mente un par de reflexiones que ya hace años me vengo haciendo al respecto.

La primera sobre la necesidad de reformarla, como ley que es, considerando la enorme distancia que nos separa del momento de su aprobación en todos los ámbitos.

La segunda, sobre la necesidad de basar dicha reforma en un consenso de similar amplitud al que alcanzaron las fuerzas políticas en el momento de acordarla.

Ahora bien, considerando el acelerado retroceso social y de derechos y libertades que tengo la sensación de estar viviendo, y que ni me imagino la capacidad, ni la decisión, en quienes tienen que abordar la tarea, el único horizonte que me planteo es seguir trabajando a diario en evitar, en la parcela que me es propia, la cada vez mayor distancia entre el pueblo soberano que decidió gobernarse por sus normas y el marco institucional creado por la misma.

✍️ Jorge-Oswaldo Cañadas Santamaría.

Hagan juego señores

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Es sabido que los problemas se gestan mucho más rápido que las soluciones.

Y uno de los abonos que hacen crecer los problemas, es la falta o insuficiencia de regulación legal que contrapese la diferente posición de equilibrio las partes en la relación de que se trate.

Dicho lo anterior, ¿tenemos legislación que prevenga eficazmente la ludopatía online?.

Porque llevo una temporada bombardeado por anuncios de casinos, bingos, casas de apuestas y similares en Internet, que han sustituido en la parrilla publicitaria a las ofertas de las hipotecas milagro.

Y, en lo que se refiere a estas últimas, el trabajo de los jueces está teniendo que ser titánico.

✍️ Jorge-Oswaldo Cañadas Santamaría.

De nombre Juez y de apellido Señoría

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Me llama la atención, a propósito de la imputación de la Infanta Cristina, la relevancia que los medios de comunicación dan hoy al magistrado que instruye la causa.

He tenido ocasión de saber, además de su nombre y apellidos, la forma en que accedió a la carrera judicial, los años que le faltan para jubilarse y hasta lo que sus compañeros dicen de él, con llamativa diversidad de opiniones.

Y todo eso, ¿qué importa?.

La grandeza del sistema, en el que todos somos iguales ante la ley, implica que, en las mismas circunstancias, todos seamos juzgados igual, independientemente de la persona que decida en cada caso.

En garantía de este principio, el ordenamiento jurídico articula un sistema de recursos que propicia que cada asunto pueda ser examinado por una pluralidad de jueces, hasta que la decisión correspondiente sea definitiva.

De modo que poco importa la identidad del juez y mucho menos el resto de sus cualidades personales.

La Justicia y los jueces que la administramos, no tenemos nombre, ni apellidos.

✍️ Jorge-Oswaldo Cañadas Santamaría.

De construcción de puentes y derecho

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Al pasar cerca de un puente, nunca nadie me ha comentado nada sobre las bondades o errores en la ejecución de su construcción. Todo lo más, si le parecía bonito o feo.

Pero no hay tertulia de bar, reunión familiar o charla con amigos en que no se dicte sentencia y hasta se ejecute, sobre tal o cual asunto.

Que las matemáticas son una ciencia, está fuera de toda duda.

Ahora nos hace falta asumir que el derecho también lo es, más allá del sentimiento individual de justicia que cada uno tiene.

Y si bien pocos ciudadanos podrán contribuir al desarrollo de las matemáticas, todos los titulares del derecho de sufragio podrán hacerlo al del derecho, eligiendo como legisladores a quienes mejor representen su sentimiento individual de justicia.

El resto del tiempo, ¡un poquito de por favor!…

✍️ Jorge-Oswaldo Cañadas Santamaría.

O pagamos todos, o rompemos la baraja

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Resulta llamativa la parsimonia con la que se introducen en los procedimientos judiciales afirmaciones e incluso documentos de los que cabe sospechar fundadamente una defraudación tributaria.

Y es que hay gente a la que no se le tuerce el gesto mientras te cuenta en un juicio el trasiego de miles de euros en efectivo para tal o cual menester, usando sin pudor la expresión «dinero b», en la creencia de que suena mejor que «dinero negro». Elegantes que son ellos.

Tampoco se privan de aportar a los procedimientos documentos con los que la prueba del fraude queda consignada.

Habitualmente son cantidades pequeñas: fianzas no depositadas, alquileres no declarados…

Pero lo preocupante del asunto es la extensión del mal. Dichos asuntos son legión.

En tales casos doy cumplimiento al deber de colaboración tributaria que me impone la Ley y remito los particulares oportunos a la Administración tributaria competente.

Y es que hacienda, seguimos sin ser todos.

✍️ Jorge-Oswaldo Cañadas Santamaría.

Lecciones de vida

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Los tres últimos días de la pasada semana me desplacé a Santander para participar en las XV Jornadas de Encuentro entre Profesionales de la Administración de Justicia y de la Comunidad Trasplantadora.

De la mano de Médicos, Forenses y Magistrados especialistas en la materia, hemos revisado las últimas novedades legislativas.

Hemos conocido nuevos campos de la donación, como la operada entre personas vivas o la de fallecidos en asistolia.

Y, lo que para mí ha sido más útil, hemos intercambiado puntos de vista sobre la ponderación entre la investigación penal y el trasplante. En definitiva, hemos explorado vías para permitir lo segundo, sin perjudicar lo primero.

La experiencia ha sido extraordinariamente productiva. La imprescindible agilidad en la toma de decisiones en una materia en la que el tiempo es tan vital, aconseja una sólida formación y un entrenamiento que estas jornadas me han proporcionado.

Por lo demás, conocer gente que dedica su vida a intentar salvar otras todos los días, ha sido un auténtico privilegio.

✍️ Jorge-Oswaldo Cañadas Santamaría.

Pesos que te quitas de encima

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Hay asuntos que por su especial dificultad, por la carga emocional para las personas en ellos afectadas o por cualquier otro motivo, pesan especialmente sobre las espaldas del juez que los conoce.

Cuando se les pone fin, se experimenta una sensación de alivio que se prolonga poco tiempo, porque enseguida surge otro asunto que viene a reemplazar al que se fue. Pero por escaso que sea el tiempo liviano, merece la pena aprovecharlo para reponer energías y encarar el siguiente tramo del camino.

Hoy he terminado uno de esos asuntos.

✍️ Jorge-Oswaldo Cañadas Santamaría.

¿Se lo escribo o se lo lleva puesto?

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Esta mañana he celebrado juicios de faltas.

He terminado todos ellos, salvo uno, dictando sentencia oralmente en el momento de concluirlos.

Creo que esta posibilidad actualmente prevista para las faltas y para los juicios rápidos por delito, debería extenderse a más ámbitos de enjuiciamiento y, en lo que yo más conozco, a los juicios civiles de menor cuantía.

Es cierto que en muchas ocasiones la pluralidad de cuestiones a resolver, la complejidad técnica del tema o la conveniencia de meditar el asunto antes de fallarlo, pueden aconsejar sentarse a escribir.

Pero en otras muchas, la decisión es inmediata al juicio y fácilmente transmisible al justiciable, de modo que posponerla a su redacción escrita no es más que una pérdida de tiempo y de la posibilidad de que se perciba la Justicia como algo más ágil.

Debería dejarse al juez la decisión en cada caso concreto.

Por supuesto, para que lo anterior contribuyera a agilizar el sistema, tendría que suprimirse la obligación de redactar por escrito las decisiones orales, más allá de su fallo. Su videograbación es más que suficiente para garantizar el derecho de los ciudadanos a conocerlas, poderlas combatir y, una vez firmes, exigir su cumplimiento.

Vaya, como si viviésemos una época audiovisual, de Internet, ordenadores, tablets, smartphones y no de pergaminos, sobres y lacres.

✍️ Jorge-Oswaldo Cañadas Santamaría.

Mentiroso compulsivo

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En alguna medida, mentir puede ser un derecho de quien comparece ante el juez como parte de un procedimiento. Nunca lo es para otros intervinientes, como los testigos o los peritos.

El problema es que hemos hecho de ganar, el valor supremo de nuestra existencia. Ganar dinero. Ganar poder e influencia. Y también ganar los juicios. Así nos va.

El enjuiciamiento cosiste, básicamente, en tener por ciertos unos hechos, aplicarles la ley que los contempla y llegar así a la conclusión correspondiente.

En la primera fase, es en la que hay que espurgar las pruebas para decidir lo realmente sucedido o, de las distintas versiones o matices que se presentan de unos mismos hechos, cual se ajusta más a la verdad.

Pero una cosa es que un mismo hecho se pueda percibir de distintas maneras y otra muy distinta que se mienta con bellaquería.

Al redactar mis las resoluciones intento ser todo lo elegante que puedo. No recuerdo haber escrito que alguien había mentido abiertamente. Prefiero explicar porqué considero que la otra versión es la cierta. Y desde luego sigue siendo verdad que la mentira tiene las piernas muy cortas y que antes se coge a un mentiroso que a un cojo.

✍️ Jorge-Oswaldo Cañadas Santamaría.

La vida es como una caja de bombones. Oposiciones a juez.

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Hoy se han convocado oposiciones para cubrir 35 plazas de jueces.

A ellas concurrirán personas que han dedicado la mayor y mejor parte de su vida al estudio, con renuncias personales inmensas.

El opositor tiene días malos y peores. Sólo la familia sabe de su carácter insoportable. Sólo las parejas que no se rompen saben que es no tener fines de semana, vacaciones, ni aun idea de donde se acabará viviendo. Sólo los amigos saben de sus bajones de ánimo y de sus rendiciones temporales.

El estudio y la fuerza de voluntad son el camino.

La meta no es un trabajo estable. Para nada. En los tiempos que corren lo puede parecer. Pero los que lo consigan ganarán mucho menos y trabajarán mucho más que en los puestos de la empresa privada equivalentes a su nivel.

El logro al ganar las oposiciones es el servicio a la comunidad, administrando recta e imparcial Justicia.

Al terminar la carrera dediqué 3 años a opositar. No aprobé. Los siguientes 18 años ejercí la Abogacía con la insustituible preparación que me dieron los años de opositor. Hace poco he completado mi primer año como Magistrado.

Mucho ánimo, opositores. Ya lo decía la madre de Forrest Gump: la vida es como una caja de bombones, nunca sabes lo que te va a tocar.

✍️ Jorge-Oswaldo Cañadas Santamaría.

Cada quien es cada cual

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Esta mañana un ciudadano disconforme con una decisión mía se ha desahogado diciendo que todos los jueces somos unos corruptos. Inmediatamente se ha disculpado.

No me ha sorprendido la reacción en vista de la dimensión del hartazgo de la gente con casi todo y con casi todos.

De todas formas, entre tanto cabreo, puede que estemos perdiendo de vista que de la que tenemos encima sólo podemos salir con la suma del esfuerzo de los mejores. De las mejores personas y de los mejores profesionales.

Tengo la suerte de conocer gente solidaria y altruista dejándose la piel por y con los que peor lo están pasando. Y a diario convivo con profesionales que admiro en su trabajo duro, decente y encaminado a la excelencia.

Es verdad que también hay gente de otro tipo, pero no me interesan.

En los primeros tengo el ejemplo que quiero emular, la confianza de que a diario hacen un mundo mejor en el entorno que los rodea y que ese es el camino de salida.

✍️ Jorge-Oswaldo Cañadas Santamaría.

Guarda el güiski Cheli, que la vamos a liar

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No hay principio de semana en la que no lleguen partes de lesiones y atestados policiales relativos a peleas durante el fin de semana.

Imagino que el pendenciero nace. Pero desde luego también se hace a base de alcohol y drogas.

Y como aunque de pan vamos faltos, de circos estamos sobrados, las noches de muchos fines de semana terminan en urgencias.

El caso es que si bien en otras infracciones las consecuencias están claras de antemano, en las lesiones no.

En la mayor parte de los casos, el resultado causado es leve y la cuestión se ventila en un juicio de faltas que ni comporta cárcel, ni deja antecedentes penales. Y eso que las indemnizaciones no suelen ser de broma.

Pero en otros, un mal golpe puede arruinar la vida tanto al que lo recibe, como al que lo da. El primero termina bajo tierra y el segundo entre rejas.

Curiosa forma de divertirse.

✍️ Jorge-Oswaldo Cañadas Santamaría.

A por los jueces, oé

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Hablando de la utilización de los menores en los procesos de familia como arma arrojadiza contra el otro litigante, me ha llamado la atención una noticia de prensa que anuncia la querella de los progenitores contra los jueces que decidieron su caso.

En ese tipo de asuntos, en el que afortunadamente las decisiones de mutuo acuerdo son mayoría, los jueces nos vemos en la necesidad de tener que decidir sobre lo más íntimo de la convivencia entre los padres y sus hijos cuando los primeros no se ponen de acuerdo. Ahí es nada.

Nuestra decisión es recurrible a un Tribunal colegiado compuesto por otros tres jueces. Y, en ocasiones, el fallo de éste lo es ante un tercer Tribunal, Superior de Justicia de la Comunidad Autónoma o Supremo. Tribunal Constitucional e instancias internacionales aparte.

Con todo, hay quienes dedican todas sus energías y recursos a intentar hacer la vida imposible a la persona a la que un día quisieron. Diga lo que diga el Juez, el Tribunal de Apelación, el Superior de Justicia de la Comunidad Autónoma, el Supremo, el Constitucional o Rita La Cantaora.

Desde la convicción de que la razón sólo les asiste a ellos, de que el otro es una influencia nefasta para su prole común y de que sólo su destrucción les devolverá la paz que un día les hurtó, no les resulta difícil convertir al juez en el chivo expiatorio de sus problemas.

Pues nada. Sepan que además de penalmente, respondemos de nuestras decisiones civil y disciplinariamente, Y también ante nuestra conciencia, con la que tenemos que irnos a dormir todas las noches.

✍️ Jorge-Oswaldo Cañadas Santamaría.

La gracieta de la novia

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No fueron cuatro gatos, sino cuatro personas. Ese fue el número de asistentes a la boda. Los imprescindibles: los dos contrayentes y dos testigos.

Estaba claro que querían una ceremonia por el procedimiento abreviado. Lectura de los artículos de la Ley, recepción del consentimiento matrimonial , declaración del nuevo estado civil y a otra cosa. Ni músicas, ni alianzas, ni florituras. Vale, cada uno se casa como le place.

Así que leídos los tres artículos del Código Civil, «fulanito, ¿consiente usted en contraer matrimonio y efectivamente lo contrae en este acto con menganita?». «Sí».

«Menganita, ¿consiente usted en contraer matrimonio y efectivamente lo contrae en este acto con fulanito?». «Si me va a lavar los platos, pues vale».

No soy muy tiquismiquis, ni partidario de cortar cualquier exceso verbal o gestual en sala a la primera. Prefiero cierta espontaneidad. Me permite percibir detalles que el formalismo exagerado impide. Pero dentro de un orden.

Lo que acababa de hacer la señora, que supongo se creía simpática, era prestar un consentimiento condicional. Y ese no es válido para casarse.

Aragonés y para mi genio. Me faltó bien poco para sobreseer el expediente por falta de consentimiento válidamente prestado y, consiguientemente, no casarlos. En su lugar le llamé la atención, le expliqué que debía guardar el respeto y la consideración debida al al acto que se estaba desarrollando y le volví a formular la pregunta. Contestó que sí, a secas, como procede.

Los declaré unidos en matrimonio y lo que pensé, me lo guardo para mí. Porque una cualidad del juez, puede que la primera, es la prudencia.

✍️ Jorge-Oswaldo Cañadas Santamaría.

Generación sisi

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La chica que vino a declarar como testigo pasaba por poco de los veinte años.

Nos contó que había visto al denunciado agacharse y pinchar la rueda de un coche. Que le recriminó su conducta, llamó a la policía, esperó su llegada para que el señor no se fuera y luego fue a la comisaría a declarar.

El día del juicio recorrió sesenta kilómetros para llegar al juzgado desde su lugar de residencia.

Respondiendo a las preguntas formuladas para desacreditar o cuestionar su testimonio, fue clara: había venido por conciencia cívica; si se lo hubieran hecho a ella, habría querido que quien lo hubiera visto no hubiera mirado hacia otro lado.

En su generación hay mucha gente así de comprometida y así de valiosa.

Es tremendo que el desempleo y la falta de oportunidades los estén golpeando de tan mala manera. Y son nuestro futuro.

✍️ Jorge-Oswaldo Cañadas Santamaría.

A ver si me explico

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Es oír esta expresión en un juicio y echarme a temblar.

Porque la explicación que viene a continuación, lejos de aclarar lo narrado hasta ese momento, suele venir a oscurecerlo más.

Y es que el procedimiento judicial es, básicamente, un acto de comunicación. Los intervinientes le cuentan algo al juez y éste les da una respuesta.

Respecto a la primera parte del proceso, aquélla en la que me cuentan algo, desearía sobremanera que se hiciera de forma esquemática, concisa, amenamente narrada y terminada con una conclusión lógica. Evidentemente, el lenguaje de mis interlocutores, normalmente Abogados, es técnico, pero eso no debería empecer lo dicho. Lamento decir que son abrumadora mayoría, las veces en que no se cumple mi deseo.

En la parte que de mi depende, es decir, la respuesta, confieso que me obsesiona que me entienda el destinatario del mensaje, es decir, el justiciable. Y sin necesidad de que me traduzcan. Por eso intento redactar de modo corto, sencillo y con un lenguaje inteligible al lego en Derecho. Espero poder jubilarme sin haber escrito un solo latinajo en una resolución, pese a lo mucho que me gustan.

✍️ Jorge-Oswaldo Cañadas Santamaría.

Lo que hacemos y lo que cuentan que hacemos

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Es evidente que el derecho no es una ciencia exacta.

Tampoco lo es el periodismo.

Lo que pasa es que en ocasiones la noticia informa de una decisión judicial grotesca que, o no lo es, o no es atribuible al juez. Veamos un ejemplo.

Titular: un juez deja en libertad a un agresor sexual.

Hechos: un mileurista sin antecedentes, padre de 4 niños pequeños, cuyos ingresos son el único sustento de su familia, en estado de relevante embriaguez, arrincona a una chica contra una pared y le hace tocamientos, cesando en su actuación a los pocos instantes.

Castigo: por estos hechos se le condenará, de entre los 1 y 5 años de cárcel previstos en la ley, por debajo de 2 lo que, muy probablemente, comportará que no llegue a ingresar en la cárcel.

Dilema del juez: si hubiera sido mi hija, ni te cuento lo que le hago; pero mandar al agresor a la cárcel encaja a duras penas con las finalidades que la ley señala para la medida y supone dejar sin pan a unas criaturas que nada tienen que ver con la estupidez de su padre.

Decisión: libertad provisional.

Titular alternativo: las agresiones sexuales más leves obligan a los jueces a dejar en libertad provisional a los detenidos por tales hechos que, probablemente, nunca llegarán a ir a la cárcel.

Así redactado, ¿sería noticiable?.

✍️ Jorge-Oswaldo Cañadas Santamaría.

Incapaces de gobernarnos por nosotros mismos

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El deterioro de nuestras facultades intelectuales puede conducirnos a un punto en el que seamos incapaces de regir con libertad y autonomía nuestra propia persona y bienes.

El ordenamiento jurídico trata de paliar tal contingencia mediante el mecanismo de la incapacitación, total o parcial, proporcionando a la persona desvalida la ayuda de otra para suplir o completar sus decisiones.

Entre mis funciones está el examen personal de aquellos respecto de cuya capacidad tengo que decidir.

Muchas veces son ancianos en los que el proceso de degeneración mental es consustancial a su senectud. Otras veces son personas jóvenes a las que la enfermedad mental ha privado tempranamente del pleno ejercicio de su libertad personal.

Acostumbro a visitarlos en algún momento de mi servicio de guardia, acompañado por la médico forense. Esta mañana he visto a dos de ellos.

En todas las ocasiones la experiencia es enriquecedora y me recuerda lo insignificante y lo privilegiado que soy. También me sirve para renovar mi admiración por quienes los cuidan cotidianamente, familiares o profesionales. Gente maravillosa.

✍️ Jorge-Oswaldo Cañadas Santamaría.

Para gustos los colores: de prejuicios y criterios

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Para gustos, los colores.

Como cada hijo de vecino, tengo mis colores preferidos y aquellos que, claramente, no me gustan para nada.

Pero cuando me enfrento a juzgar entre colores favoritos y colores odiados, para mí son iguales.

Lo fundamental es no negarme el prejuicio, sino reconocerlo y ponerlo en primera línea de pensamiento. Y así conformada mi disposición mental, pasar a resolver el asunto de que se trate para descubrir cuál de los colores en el caso concreto es más ajustado a Derecho y no a mi gusto personal.

Eso no quiere decir que, entre dos posiciones igual de correctas jurídicamente, yo no tenga mi preferencia. Pero eso no es un prejuicio, es un criterio.

Y respecto a estos últimos, lo que me parece importante es aplicarles tolerancia y revisión.

La primera, para ver lo positivo del criterio que no es el mío y poderlo aprovechar.

Y la segunda, para estar pendiente de la evolución de la cuestión por si aparecieran aspectos que no hubiera valorado en mi posicionamiento y me pudieran hacer cambiar de idea. En este ingrediente, los abogados me resultan fundamentales.

✍️ Jorge-Oswaldo Cañadas Santamaría.

Apercibiéndole de que le parará el perjuicio a que haya lugar en Derecho

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Esta mañana, aprovechando que estoy de guardia, he acudido al despacho a seguir resolviendo trámites pendientes.

Me he detenido en un asunto civil que desde comienzos de 2010 apenas ha avanzado ante las dificultades de notificar a los interesados.

Lo lastimoso del caso es que el Estado ya ha puesto remedio a este mal en los ámbitos que le suponen ingresos. Pero se ha olvidado de la Justicia, para variar.

Por poner algunos ejemplos, los empleadores se comunican con la Tesorería General de la seguridad Social mediante el Sistema Red, los contribuyentes con la Agencia Tributaria mediante Notificaciones Electrónicas y los conductores con la Dirección General de Tráfico a través de la Dirección Electrónica Vial.

Estos sistemas de comunicación electrónica son voluntarios para algunos colectivos y obligatorios para otros.

Es evidente que la Justicia podría encontrar una forma de desatasco nada despreciable, articulando un sistema de notificación electrónica con los justiciables. Y, de paso, crearía un nicho de mercado que podrían aprovechar los Procuradores de los Tribunales que tienen razones de peso para estar preocupados por su horizonte profesional inmediato.

Mientras alguien se pone a ello, seguiremos empleando notificaciones plagadas de fórmulas poco inteligibles, contenidas en papel de oficio, que viajarán en sobres oficiales a destinos erróneos, llevadas a pie por el cartero.

✍️ Jorge-Oswaldo Cañadas Santamaría.

Odia el delito, compadece al delincuente y no te olvides de la víctima

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Esta frase que, exceptuando el inciso final, es de Concepción Arenal, me viene a la cabeza cada vez que firmo una sentencia condenatoria y eso que las mías, o son por faltas o por delitos conformados.

Entre estos últimos, son legión los cometidos contra la seguridad vial.

Y de ellos, muy pocos son los que terminan con el condenado en prisión.

Estos días se ha abierto el debate en los medios de comunicación y en las redes sociales sobre la aplicación del indulto a algún delincuente condenado por este tipo de infracciones.

No entro en el debate. Es competencia del Gobierno. La mía termina en la sentencia.

Ahora bien, reformulando las palabras de la insigne gallega, me atrevería a decir: odia el delito, compadece al delincuente y no te olvides de la víctima.

✍️ Jorge-Oswaldo Cañadas Santamaría.

Motivación

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Como de costumbre, hacia las 7:30 he ojeado la prensa.

Hoy traía cosas de exdeportistas, exnovias, extesoreros y variedades regionales de toda la geografía peninsular.

Hacia las 8:30, también como de costumbre, me he incorporado al despacho, donde he continuado con trámites de distintos expedientes civiles, penales y de registro civil.

Al final de la mañana, he dedicado un par de horas a ir preparando con mis compañeros de partido judicial el cuadro de sustituciones para dar cumplimiento a la última reforma de la Ley Orgánica del Poder Judicial, en cuya virtud, las vacantes judiciales las vamos a cubrir entre los que quedemos. Un juez, varios juzgados.

A las 15:30, cuántos ex, cuántos territorios y qué mala gana…

✍️ Jorge-Oswaldo Cañadas Santamaría.