Teletrabajo en la Administración de Justicia

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En materia de modernización de la gestión administrativa, no es exagerado afirmar que la pandemia COVID-19, va a forzar el viaje de la Administración de Justicia del siglo XIX al XXI.

Y digo forzar, porque si bien es cierto que territorios como Aragón llevan años aplicados en la modernización del asunto, no lo es menos que el ritmo imprimido es desesperantemente lento por una multiplicidad de obstáculos a salvar, cada uno con diferente intensidad a lo largo del tiempo, pero todos convergentes frenando el avance: la falta de financiación, de voluntad política, de adaptabilidad al cambio, de reforma normativa e incluso de modelo.

No obstante, ahora modernizar la Administración de Justicia no es una opción, es una imperiosa necesidad por razones de salud pública. Simplemente no es posible reabrir de las sedes judiciales con una afluencia de ciudadanos, sean funcionarios o visitantes, similar a la de los grandes almacenes el primer día de rebajas, a riesgo de poner en peligro su salud y, visto está, que sus propias vidas.

Y como “a la fuerza ahorcan”, las distintas Administraciones con competencias en el asunto, se han puesto a trabajar a toda velocidad para dar una solución al problema.

El resultado es variopinto, fruto de la gestión de la cosa por una pluralidad de Administraciones púbicas y organismos escasamente coordinados y con intereses muchas veces centrífugos, en un modelo que ha demostrado hasta la saciedad ser ineficaz e ineficiente: el Ministerio de Justicia, las Comunidades Autónomas, el Consejo General del Poder Judicial, la Fiscalía General del Estado, los Consejos Generales de Colegios Profesionales, así como los ámbitos territoriales de todos los anteriores… En mi opinión, la solución al problema, que ya es grave e inaplazable, pasa por la recentralización de la competencia; pero eso es harina de otro costal, cada vez más difícil de conseguir, en vista del clientelismo personal que ha florecido con el actual modelo.

Así, habrá Tribunales con horario de mañana, otros con horario de mañana y tarde y otros, los más avanzados, como es el caso aragonés, con parte de la plantilla de funcionarios teletrabajando. También habrá Tribunales, no pocos, sumidos en el más profundo caos entre la organización que se establezca y la realmente posible.

Conviene ir interiorizando que el teletrabajo ha venido para quedarse. Por múltiples razones. A la fuerza, porque los rebrotes de la pandemia se dan como seguros, sin perjuicio de amenazas futuras que puedan cernirse sobre la especie humana para volver a recordarnos que somos vulnerables pese al estado de nuestra evolución. Y, por interés, porque teletrabajar contribuye decididamente a la sostenibilidad económica y medioambiental o a la conciliación de la vida familiar y laboral.

De modo que convendrá cimentar bien el modelo, fundamentalmente sobre los siguientes principios:

La voluntariedad, de modo que se prime la decisión personal del funcionario a la hora de optar por uno u otro modelo de prestación del servicio, presencial o deslocalizada, con los límites del derecho de los demás funcionarios y de la calidad en la prestación del servicio público.

La flexibilidad, de modo que la presencia y ausencia de la sede física se pueda gestionar por el funcionario en función de las necesidades del servicio y de las suyas personales.

Y el control de la deslocalización, de modo que la Administración pueda controlar la efectividad de la prestación.

Lo anterior, tendrá que venir acompañado de un cambio de mentalidad y organización de la forma de trabajar.

Los Jueces, Fiscales, Letrados de la Administración de Justicia, Abogados y Procuradores, harán bien en emprender tratamientos de sus patologías alérgicas a cualquier cosa con botones y teclas. La tecnología es hoy la única herramienta a través de la que canalizar eficazmente la administración de la Justicia. Así que, formación y mente abierta.

A lo anterior, los funcionarios de los cuerpos de Gestión, Tramitación y Auxilio Procesal, deberán sumar el abandono del modelo del expediente propio, “mi tesoro”, para pasar a un modelo colaborativo y, en lo posible, especializado que garantice una tramitación homogénea y sin interrupción por cuestiones tan cotidianas como las vacaciones, la baja por enfermedad o el traslado, además de la hoy añadida posibilidad de teletrabajar.

¿En qué punto nos encontramos?.

Pues mientras esperamos que alguien nos diga cuándo arrancar de nuevo la Administración de Justicia, el Poder Judicial teletrabajará en función de los medios disponibles en cada territorio, durante el estado de alarma y hasta los 3 meses siguientes, con la doble miopía que se desprende de la limitación temporal a futuro por falta de previsión de rebrotes y nuevas crisis y pérdida de oportunidad en el aprovechamiento de los conocimientos y experiencia adquiridos, así como de cualquier incentivo personal para el Juez, en vista de que lo hará desde la propia sede del Tribunal: “teletrabajo desde el despacho contiguo”.

Algo mejor parece la cosa para los Fiscales, al fomentarse su deslocalización real e intervención en los procedimientos por vía telemática. Queda ahora dotar a la Fiscalía de herramientas homogéneas para todo el territorio nacional que les permita actuar de modo real conforme al principio de unidad.

Los Letrados de la Administración de Justicia están llamados a ser auténticos protagonistas del éxito de la operación, pero sin formación específica, con escasos medios, demasiadas dependencias jerárquicas y no sé si con muchas ganas, por eso de la alergia tecnológica generalizada.

Abogados y Procuradores, que conforman el colectivo más numeroso, tendrán que lidiar con una inaceptable multiplicidad de sistemas para trabajar con uno u otro dependiendo de la parte de España en la que vayan a intervenir y afrontar las dificultades técnicas que los mismos presenten, normalmente con ninguna o poca ayuda.

Y, los funcionarios de la Administración de Justicia, empezarán a ensayar esta nueva forma de prestación de su trabajo, con el riesgo de trasladar al mismo la obsolescencia del actual modelo presencial, mi expediente, “mi tesoro”.

De todos modos, no hay opción, lo que parecía el futuro es el presente y, como tal, cada día que transcurre, ya es pasado. Nos toca afrontar con decisión el nuevo modelo e ir trabajando a diario en su perfeccionamiento, siempre con la vista puesta en la sociedad a la que todos servimos.

Así que, a por ello.

Jorge-Oswaldo Cañadas Santamaría


Publicado hoy en Diario de Teruel

Pandemia, administración de justicia y videoconferencia

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Estoy recibiendo muchas llamadas de queridos compañeros de toda España, a propósito de la noticia de la que se han hecho eco los medios de prensa locales [ aquí ] y [ aquí ] sobre el uso del sistema de videoconferencia para la celebración de actuaciones judiciales, pero que ha saltado las fronteras turolenses para difundirse generosamente por toguilandia.

He de comenzar diciendo que no tengo mayor mérito que el de mi curiosidad por todo lo tecnológico, que me ha llevado a experimentar con un sistema puesto a nuestra disposición por la Administración prestacional de los medios de Justicia en Aragón, que es la Comunidad Autónoma.

Hace mucho que se viene utilizando el sistema de videoconferencia para practicar actuaciones judiciales. El más frecuente es la comparecencia de un ciudadano ante el Juzgado desde la sede de otro Juzgado alejado geográficamente. Así, celebrando un juicio en Teruel, acompañado de las dos partes en conflicto y el Procurador y Abogado de cada una de ellas, así como de mi funcionaria del cuerpo de Auxilio judicial, si tiene que declarar como testigo un señor de, pongamos, Sevilla, con antelación al juicio, lo citamos para que acuda a los Juzgados de allí, con cuya sede nos conectamos por videoconferencia y practicamos la declaración, que no es cosa de que se tenga que hacer, en los tiempos que corren, más de 600 kilómetros para contarnos en unos pocos minutos lo que sepa del asunto. De todas formas, en la sala de vistas ya somos 8 y, si el testigo hubiera declarado en Teruel, en lugar de en Sevilla, hubiéramos sido 9. Y todo eso sin contar con las personas que, a la enérgica voz de “audiencia pública” que da mi compañera antes de empezar la vista, puedan sentarse en los bancos del público a ver el juicio. Como dicen en mi querida Andalucía, “una bulla”.

De hecho, allá por febrero del 16, casi nada lo que ha llovido, ya se contó bastante de este invento en: “Videoconferencia: togas en plasma“.

En este estado de cosas, la novedad que nos trae la tragedia colectiva en la que nos ha sumido el dichoso bichito del COVID-19, es que nos obliga a alejarnos físicamente. Lo que han bautizado como “distanciamiento social”, que tan duro se nos va a hacer a quienes, como Serrat, nacimos en el Mediterráneo. Y es que, no es cosa de “desescalar” el confinamiento domiciliario que nos ha impuesto el estado de alarma, volviendo a convocar cientos de ciudadanos en las sedes judiciales, que ríanse de un centro de salud en epidemia de gripe y hora punta, con el consiguiente riesgo de fomentar el contagio y volver al punto de partida que obligó a parar el planeta mundo.

Y como la Justicia no puede seguir a ralentí más tiempo, que eso también puede matar, no queda otra que reinventarse y buscar la manera de volver a poner la maquinaria a pleno rendimiento, pero esquivando el riesgo de contagio que viene de posibles aglomeraciones. Y no nos engañemos, en esta tesitura tenemos que ser conscientes de que trabajos con medios materiales manifiestamente mejorables y que nuestras sedes no están precisamente preparadas para el “distanciamiento social”.

En ese proceso de reinvención, hemos estado trabajando en intentar casar el nuevo sistema de salas virtuales de videoconferencia que nos ha facilitado la Administración prestacional, que permite que cada interviniente se conecte a la sala virtual desde donde se encuentre, al estilo de la hoy famosa app Zoom, con el sistema tradicional de videoconferencia, en la que la sala de vistas de los Juzgados de Teruel y Sevilla conectaban entre sí para la declaración del testigo. Y ha funcionado. De modo que dicha sala de juicios física de siempre, también se conecta a la sala virtual como un participante más en la videoconferencia. Con ello hemos conseguido poder grabar el acto de que se trate en los sistemas de gestión procesal y que puedan comparecer en la sede física aquellos intervinientes que se precise por cualquier razón, entre las que no será menor la falta de medios o de conocimientos tecnológicos para hacer una videoconferencia, por lo menos en la “España vaciada”.

Es un primer paso. Y sé que quedan por pulir aspectos técnico jurídicos de extraordinaria relevancia como las garantías de identificación de los intervinientes, de integridad de sus intervenciones e incluso de policía de los nuevos estrados virtuales por el Tribunal. Pero ningún comienzo ha sido fácil y este nos viene impuesto y, lo que es peor, por poderosísimas razones vitales.

El caso es que hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad y tenemos que aprovecharlo. Ya no es el futuro, es el presente. Y tanto avanzan, que hoy tengo el honor de publicar esta entrada en “blogconferencia” con mi admirada compañera Susana Gisbert, en su “Con mi toga y mis tacones“, blog de referencia para quien quiera conocer los entresijos de la Justicia, con tanta calidad y precisión como sentido del humor. Espero que la virtualidad de la que hablamos hoy, no impida que nos veamos en próximo 27 de mayo en el Casino de Teruel para asistir a la presentación de su novela “No me obligues”.

Jorge-Oswaldo Cañadas Santamaría.

Solo queda añadir que tenemos una cita pendiente, la presentación en Teruel de mi última criatura, “No me obligues”, que se nos quedó colgada del mes de mayo cuando cerraron el mundo. A ver si puede ser pronto y hacemos una nueva blogoconferencia para celebrarlo (y esa, en persona).

Susana Gisbert Grifo.

Legitimidad gubernamental

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La legitimidad de los gobiernos de todo el mundo ha decaído con la pandemia. En los Estados democráticos hay que llamar a las urnas más pronto que tarde. Ningún ciudadano ha votado a sus actuales gobernantes pensando en la tercera posguerra mundial. Y ese es el próximo escenario.

Vaya por delante, como vano intento de aplacar a los más entregados a las ideologías al mando en cada lugar, que la Real Academia Española establece como acepción de decaer, la siguiente: “Dicho de una persona o de una cosa: Ir a menos, perder alguna parte de las condiciones o propiedades que constituían su fuerza, bondad, importancia o valor”.

Es decir, que no hay duda alguna sobre la legalidad de los gobiernos constituidos; en modo alguno son ilegítimos. Pero yo tampoco la tengo sobre la merma de legitimidad democrática que provoca su continuidad al frente del poder ejecutivo de sus naciones, como si nada hubiera pasado.

Es indudable que los únicos mecanismos lícitos para remover los gobiernos de sus mandatos, son los previstos en sus normas constitucionales y legales y, al menos en la nuestra, una pandemia no lo es. Tampoco lo son otras muchas cosas que se dejan a la decisión del gobernante, lamentablemente cada vez más centrada en su propio interés y el de “los suyos”. Pero no hablo de eso. Hablo de su legitimidad democrática, que los gobiernos deben buscar reforzar si quieren naciones decididas a seguirlos en el proceso de reconstrucción, empeño que se me antoja deben encarar decidida e imprescindiblemente.

Desde el punto de vista jurídico y aceptando la inmensa dificultad de mezclar los ámbitos público y lo privado, la reflexión me parece tan innegable como lo es en este último la que considera necesario estudiar el reequilibrado de las posiciones contractuales de todo tipo, una vez alterado de forma tan enorme e imprevisible el escenario en que se pactaron (rebus sic stantibus).

Los tiempos para hacerlo son imprecisos. Es evidente que ahora no es el momento en la mayor parte del mundo. Y dependerá de otros muchos factores como lo avanzados que estén los mandatos gubernamentales en cada país o los consensos que se puedan alcanzar con las distribuciones parlamentarias actualmente existentes en cada lugar. En todo caso, el mero plazo legal de duración del mandato gubernativo, no me parece suficiente en este momento.

Dicho lo anterior, no albergo la menor esperanza de que ello se produzca. Al menos no en Aquí del Maestro Forges. Hay demasiados intereses creados como para que así sea. Intereses, por uno y otro lado, ajenos a los que jalean a sus ídolos, sin sospechar siquiera lo que se les viene encima.

Jorge-Oswaldo Cañadas Santamaría.