Los riesgos de perder el DNI o una pesadilla del siglo XXI

Blog Es Justo

DNI¿Qué más normal que llevar el DNI en la cartera?.

Es la forma habitual de identificarnos. E incluso tenemos la obligación de exhibirlo a requerimiento de la Autoridad o sus agentes.

El problema se presenta si perdemos el documento.

A todo el mundo se le alcanza el trastorno que supone tener que presentar la obligada denuncia, pedir la oportuna cita para la obtención del nuevo ejemplar, proveerse de la documentación necesaria para dicho trámite y volver a pagar las tasas correspondientes.

Lo que no todo el mundo sabe es que el problema se puede convertir en pesadilla -por desgracia, cada vez más frecuente-, si el documento perdido cae en manos de “delincuentes 2.0”.

Con nuestro DNI se van a abrir cuentas bancarias online suplantando nuestra identidad.

A continuación se van a vender productos falsos a través de Internet pidiendo que el dinero se ingrese en dichas cuentas.

Finalmente, nos vamos a ver investigados por Juzgados de toda España, como presuntos autores de las estafas en que consisten esas ventas falsas, puesto que el dinero se ha ingresado en cuentas bancarias que figuran a nuestro nombre.

Eso nos va a obligar a un auténtico peregrinaje judicial para demostrar que somos víctimas y no delincuentes, previo pago, como es natural, de los honorarios de los Abogados que nos tendrán que defender en todos los procedimientos que se pongan en marcha.

En vista de que el Estado que nos provee el documento y nos obliga a identificarnos con él, no es capaz de poner coto a esta mecánica delictiva, pese a que en absoluto es nueva, pues viene produciéndose hace varios años y en acusada curva ascendente, la única solución eficaz en nuestra mano es no llevar encima el DNI, salvo en las contadas ocasiones en que sepamos que nos resultará imprescindible exhibirlo.

Para salvar la omisión e intentar salir airosos de la ocasión en que nos viéramos obligados a exhibir el documento de identidad de forma imprevista, podemos llevar instalada en el móvil la aplicación miDGT, o en la cartera el carné de conducir o una fotocopia solo del anverso del DNI. Ciertamente no son formas de acreditar oficialmente nuestra identidad, lo que puede comportar una leve sanción, pero nada comparado a la pesadilla que les he contado.

Jorge-Oswaldo Cañadas Santamaría.

Abandonando WhatsApp progresivamente

Blog Es Justo

Adiós WhatsAppHay muchos usuarios de WhatsApp interesados en abandonar la aplicación por sus problemas de privacidad.

Aunque, a corto plazo, el anuncio de compartición de datos entre WhatsApp y Facebook es de díficil materialización en la Unión Europea, por aplicación de la legislación sobre protección de datos, la fiabilidad de ambas compañías en su cumplimiento normativo, ya quedó en entredicho en el pasado.

En cualquier caso, el mayor problema al que se enfrentan los usuarios es la utilización masiva de WhatsApp en comparación con la más reducida de Telegram y la todavía muy pequeña de Signal u otras más residuales. Eso hace muy difícil el abandono radical de WhatsApp, porque supondría quedar desconectado de muchos contactos a través de una aplicación de mensajería instantánea.

Como se trata de cambiar inercias, una medida para ir abandonando progresivamente WhatsApp, consiste en bloquearse recíprocamente en esa aplicación los contactos que dispongan de una alternativa común. Así, si tu amigo y tú tenéis Telegram, podéis convenir en bloquearos recíprocamenten en WhatsApp para evitar contactar a través de ella por inercia.

Da la sensación de que, como han hecho Twitter o YouTube bloqueando al Presidente Trump, irrogándose un control de la libertad de expresión que debería estar exclusivamente en manos de los jueces, asistimos a un pulso entre compañías de dimensión planetaria y los ciudadanos del mundo. Pero, probablemente a diferencia de dichos casos, WhatsApp, sí tiene alternativas reales e indudablemente mejores.

Veremos quién gana.

Jorge-Oswaldo Cañadas Santamaría.

2020 prologando 2021

Blog Es Justo

Hoy las aplicaciones de mensajería y las redes sociales se llenan de deseos de felicidad para el año entrante.

Los optimistas bien informados pensamos que se van a quedar en eso, en deseos, porque 2020 va a ser el prólogo de un 2021 horrible, enmarcado en la progresiva destrucción de la civilización que conocemos.

Nos quedan muchos miles de muertos por la pandemia COVID-19, hasta completar una cifra que intuiremos pero no conoceremos verdaderamente, porque se nos ocultará, como las dolorosas escenas de desfiles de ataúdes de mediados del año que termina, en vista de que los gobernantes han decidido que tienen el derecho a hacerlo, no se sabe bien en función de qué alto interés.

Nos queda afrontar la ruina económica que viene de la mano de lo que ha arrasado la pandemia, pero también de un modelo económico insostenible que llevamos décadas construyendo a base del “sálvese quien pueda” y del “mañana ya veremos”. Por cierto, con un incremento de la presión fiscal insoportable, que seguirá destruyendo cualquier incentivo para la inversión, única vía para la recuperación económica y el empleo.

En nuestro país nos queda seguir viviendo en un ambiente guerracivilista en el que las dos Españas siguen empeñadas en destruirse, tras un periodo históricamente breve en el que parecieron capaces de cimentar una nueva relación de mutuo respeto y búsqueda del bien común, que ha naufragado de la mano de una clase gobernante integrada por los peores, solo preocupados de medrar personalmente.

Y en la Administración de Justicia, seguiremos trabajando con la ratio de jueces más pobre de los países desarrollados, sin medios y soportando la inacción de los otros dos poderes del Estado ante los grandes problemas que van surgiendo y que son incapaces de resolver mediante leyes justas y técnicamente bien formuladas, mientras el llamado poder judicial solo recibe su desprecio y su codicia por sus órganos de gobierno.

En fin, un poema. Pero por ganas que no quede. Así que, ¡ feliz 2021 !.

Jorge-Oswaldo Cañadas Santamaría.

Más frecuente de lo que piensas: no uses el mismo PIN para todas las tarjetas bancarias y no lo lleves nunca apuntado junto a ellas. Pónselo difícil a los amigos de lo ajeno.

Blog Es Justo

Me llama la atención que todavía pueda haber personas que lleven apuntado el PIN de su tarjeta bancaria en la cartera junto a la misma. Pero las hay.

Como se adivina, esta práctica permite a cualquier amigo de lo ajeno que se haga con la cartera de la víctima, vaciarle cómodamente la cuenta bancaria en el cajero automático más próximo.

A las víctimas de este tipo de delitos, les pregunto por qué llevaban el PIN de la tarjeta bancaria anotado junto a la misma y la respuesta más frecuente es que no son capaces de recordarlo, bien por tener muchos PIN distintos correspondientes a muchas tarjetas, bien por deterioro de su memoria.

Hay varios consejos que dar al respecto: poseer, o al menos llevar consigo, el mínimo número de tarjetas posible, limitar los fondos a los que se puede acceder con cada tarjeta o utilizar sistemas altenativos a las tarjetas para el pago de bienes o servicios o uso de cajeros automáticos.

Pero me voy a centrar aquí en un sistema que permite cumplir dos reglas básicas en el uso seguro de tarjetas bancarias: no utilizar nunca el mismo PIN par varias tarjetas y no llevar jamás apuntado dicho código junto a la tarjeta.

El sistema consiste en elegir una regla mnemotécnica de recuerdo del PIN de cada tarjeta, basado en los números estampados en la misma.

Tomando como ejemplo la tarjeta de la imagen, podemos establecer como regla mnemotécnica personal, por ejemplo, sumar al segundo bloque de números “5 6 7 8”, “2, 4, 6 y 8”, respectivamente a cada dígito y, en caso de superar la decena, elegir el último número. Así, el PIN de esta tarjeta se formaría mediante las siguientes operaciones:

5 + 2 = 7

6 + 4 = 10

7 + 6 = 13

8 + 8 = 16

Y daría como PIN resultante: 7 0 3 6.

El sistema permite infinitas posibilidades y asegura llevar apuntado el número de cada tarjeta en ella misma, sin que resulte accesible a los amigos de lo ajeno.

Una vez elegido nuestro propio sistema mnemotécnico, bastará acudir a la entidad bancaria emisora de la tarjeta y modificar el PIN por el de nuestra elección.

Jorge-Oswaldo Cañadas Santamaría.

Teletrabajo en la Administración de Justicia

Blog Es Justo

En materia de modernización de la gestión administrativa, no es exagerado afirmar que la pandemia COVID-19, va a forzar el viaje de la Administración de Justicia del siglo XIX al XXI.

Y digo forzar, porque si bien es cierto que territorios como Aragón llevan años aplicados en la modernización del asunto, no lo es menos que el ritmo imprimido es desesperantemente lento por una multiplicidad de obstáculos a salvar, cada uno con diferente intensidad a lo largo del tiempo, pero todos convergentes frenando el avance: la falta de financiación, de voluntad política, de adaptabilidad al cambio, de reforma normativa e incluso de modelo.

No obstante, ahora modernizar la Administración de Justicia no es una opción, es una imperiosa necesidad por razones de salud pública. Simplemente no es posible reabrir de las sedes judiciales con una afluencia de ciudadanos, sean funcionarios o visitantes, similar a la de los grandes almacenes el primer día de rebajas, a riesgo de poner en peligro su salud y, visto está, que sus propias vidas.

Y como “a la fuerza ahorcan”, las distintas Administraciones con competencias en el asunto, se han puesto a trabajar a toda velocidad para dar una solución al problema.

El resultado es variopinto, fruto de la gestión de la cosa por una pluralidad de Administraciones púbicas y organismos escasamente coordinados y con intereses muchas veces centrífugos, en un modelo que ha demostrado hasta la saciedad ser ineficaz e ineficiente: el Ministerio de Justicia, las Comunidades Autónomas, el Consejo General del Poder Judicial, la Fiscalía General del Estado, los Consejos Generales de Colegios Profesionales, así como los ámbitos territoriales de todos los anteriores… En mi opinión, la solución al problema, que ya es grave e inaplazable, pasa por la recentralización de la competencia; pero eso es harina de otro costal, cada vez más difícil de conseguir, en vista del clientelismo personal que ha florecido con el actual modelo.

Así, habrá Tribunales con horario de mañana, otros con horario de mañana y tarde y otros, los más avanzados, como es el caso aragonés, con parte de la plantilla de funcionarios teletrabajando. También habrá Tribunales, no pocos, sumidos en el más profundo caos entre la organización que se establezca y la realmente posible.

Conviene ir interiorizando que el teletrabajo ha venido para quedarse. Por múltiples razones. A la fuerza, porque los rebrotes de la pandemia se dan como seguros, sin perjuicio de amenazas futuras que puedan cernirse sobre la especie humana para volver a recordarnos que somos vulnerables pese al estado de nuestra evolución. Y, por interés, porque teletrabajar contribuye decididamente a la sostenibilidad económica y medioambiental o a la conciliación de la vida familiar y laboral.

De modo que convendrá cimentar bien el modelo, fundamentalmente sobre los siguientes principios:

La voluntariedad, de modo que se prime la decisión personal del funcionario a la hora de optar por uno u otro modelo de prestación del servicio, presencial o deslocalizada, con los límites del derecho de los demás funcionarios y de la calidad en la prestación del servicio público.

La flexibilidad, de modo que la presencia y ausencia de la sede física se pueda gestionar por el funcionario en función de las necesidades del servicio y de las suyas personales.

Y el control de la deslocalización, de modo que la Administración pueda controlar la efectividad de la prestación.

Lo anterior, tendrá que venir acompañado de un cambio de mentalidad y organización de la forma de trabajar.

Los Jueces, Fiscales, Letrados de la Administración de Justicia, Abogados y Procuradores, harán bien en emprender tratamientos de sus patologías alérgicas a cualquier cosa con botones y teclas. La tecnología es hoy la única herramienta a través de la que canalizar eficazmente la administración de la Justicia. Así que, formación y mente abierta.

A lo anterior, los funcionarios de los cuerpos de Gestión, Tramitación y Auxilio Procesal, deberán sumar el abandono del modelo del expediente propio, “mi tesoro”, para pasar a un modelo colaborativo y, en lo posible, especializado que garantice una tramitación homogénea y sin interrupción por cuestiones tan cotidianas como las vacaciones, la baja por enfermedad o el traslado, además de la hoy añadida posibilidad de teletrabajar.

¿En qué punto nos encontramos?.

Pues mientras esperamos que alguien nos diga cuándo arrancar de nuevo la Administración de Justicia, el Poder Judicial teletrabajará en función de los medios disponibles en cada territorio, durante el estado de alarma y hasta los 3 meses siguientes, con la doble miopía que se desprende de la limitación temporal a futuro por falta de previsión de rebrotes y nuevas crisis y pérdida de oportunidad en el aprovechamiento de los conocimientos y experiencia adquiridos, así como de cualquier incentivo personal para el Juez, en vista de que lo hará desde la propia sede del Tribunal: “teletrabajo desde el despacho contiguo”.

Algo mejor parece la cosa para los Fiscales, al fomentarse su deslocalización real e intervención en los procedimientos por vía telemática. Queda ahora dotar a la Fiscalía de herramientas homogéneas para todo el territorio nacional que les permita actuar de modo real conforme al principio de unidad.

Los Letrados de la Administración de Justicia están llamados a ser auténticos protagonistas del éxito de la operación, pero sin formación específica, con escasos medios, demasiadas dependencias jerárquicas y no sé si con muchas ganas, por eso de la alergia tecnológica generalizada.

Abogados y Procuradores, que conforman el colectivo más numeroso, tendrán que lidiar con una inaceptable multiplicidad de sistemas para trabajar con uno u otro dependiendo de la parte de España en la que vayan a intervenir y afrontar las dificultades técnicas que los mismos presenten, normalmente con ninguna o poca ayuda.

Y, los funcionarios de la Administración de Justicia, empezarán a ensayar esta nueva forma de prestación de su trabajo, con el riesgo de trasladar al mismo la obsolescencia del actual modelo presencial, mi expediente, “mi tesoro”.

De todos modos, no hay opción, lo que parecía el futuro es el presente y, como tal, cada día que transcurre, ya es pasado. Nos toca afrontar con decisión el nuevo modelo e ir trabajando a diario en su perfeccionamiento, siempre con la vista puesta en la sociedad a la que todos servimos.

Así que, a por ello.

Jorge-Oswaldo Cañadas Santamaría


Publicado hoy en Diario de Teruel