2020 prologando 2021

Blog Es Justo

Hoy las aplicaciones de mensajería y las redes sociales se llenan de deseos de felicidad para el año entrante.

Los optimistas bien informados pensamos que se van a quedar en eso, en deseos, porque 2020 va a ser el prólogo de un 2021 horrible, enmarcado en la progresiva destrucción de la civilización que conocemos.

Nos quedan muchos miles de muertos por la pandemia COVID-19, hasta completar una cifra que intuiremos pero no conoceremos verdaderamente, porque se nos ocultará, como las dolorosas escenas de desfiles de ataúdes de mediados del año que termina, en vista de que los gobernantes han decidido que tienen el derecho a hacerlo, no se sabe bien en función de qué alto interés.

Nos queda afrontar la ruina económica que viene de la mano de lo que ha arrasado la pandemia, pero también de un modelo económico insostenible que llevamos décadas construyendo a base del “sálvese quien pueda” y del “mañana ya veremos”. Por cierto, con un incremento de la presión fiscal insoportable, que seguirá destruyendo cualquier incentivo para la inversión, única vía para la recuperación económica y el empleo.

En nuestro país nos queda seguir viviendo en un ambiente guerracivilista en el que las dos Españas siguen empeñadas en destruirse, tras un periodo históricamente breve en el que parecieron capaces de cimentar una nueva relación de mutuo respeto y búsqueda del bien común, que ha naufragado de la mano de una clase gobernante integrada por los peores, solo preocupados de medrar personalmente.

Y en la Administración de Justicia, seguiremos trabajando con la ratio de jueces más pobre de los países desarrollados, sin medios y soportando la inacción de los otros dos poderes del Estado ante los grandes problemas que van surgiendo y que son incapaces de resolver mediante leyes justas y técnicamente bien formuladas, mientras el llamado poder judicial solo recibe su desprecio y su codicia por sus órganos de gobierno.

En fin, un poema. Pero por ganas que no quede. Así que, ¡ feliz 2021 !.

Jorge-Oswaldo Cañadas Santamaría.