Antes, durante y después

Blog Es Justo

Hace mucho que no escribía en el blog. Y debo confesar que obedece a que la mayor parte de las veces en que lo hubiera hecho, he pensado que daba igual, porque mis opiniones estaban destinadas a caer en el mismo saco roto que todas las que se hacen en sentido crítico a los tiempos que nos ha tocado vivir. Lo políticamente incorrecto, no vende, al menos no, dependiendo de la etiqueta ideológica que le cuelguen al emisor. Y, lejos de cualquier reflexión, lo primero hoy en día es etiquetar contenidos y autores.

Pero con ocasión de la pandemia del coronavirus COVID-19, no puedo callarme mi hartazgo y escribo, aunque sea con destino al indicado saco roto.

Antes.

Ningún gobierno de las últimas décadas ha hecho los deberes para colocar a nuestro país en el siglo XXI.

Ni rastro de voluntad de reformar la disparatada estructura territorial del Estado, antes al contrario, interés en seguir engordándola para dar satisfacción al obsceno clientelismo político de la partitocracia.

Ni rastro de armonización y lógica legislativa, antes al contrario, diarrea normativa para seguir sosteniendo una insoportable y asfixiante burocracia inútil.

Ni rastro de consenso político en temas nucleares para la convivencia como la educación, antes al contrario, fomento del control ideológico de la sociedad a su través.

Ni rastro de fomento del pensamiento libre y de los valores humanos, antes al contrario, permanente adoctrinamiento social y desprecio beligerante contra el que osa expresar una opinión distinta.

Ni rastro de incentivo de la cultura y habilidad real en el manejo de la tecnológica, antes al contrario, lucha desaforada por su utilización como instrumento de propaganda política.

Ni rastro de racionalización del gasto público dirigido decididamente a la satisfacción del interés social, antes al contrario, despilfarro descarado del dinero de todos en estructuras incompetentes diseñadas en interés y beneficio de unos pocos.

Ni rastro de tantas cosas que se podían haber hecho y para las que ya es irremediablemente tarde…

Durante.

El más absoluto caos.

Las estructuras han sido superadas por la situación en cada momento, arrastradas inexorablemente por su inacción de años, su falta de previsión y compromiso con el bien común y la incompetencia de buena parte de sus integrantes.

Estructuras de 8 a 15 horas que, en la práctica, lo son de 9 a 14.

Los políticos han tardado poco en azuzar sus terminales de propagación del mensaje para culpar al adversario de sus propios errores.

La crítica se ha intentado silenciar, para no menoscabar la ideología dominante. La prensa ha sido comprada o sometida.

El control parlamentario del Gobierno y el aporte de la soberanía popular representada en la pluralidad ideológica, se ha impedido con el cierre de hecho de las Cámaras.

Y en este momento del drama, auguro que todavía nos queda vivir lo peor en todos los órdenes.

Después.

La vida seguirá.

Lo malo es que seguirá, y aceleradamente, en la dirección del declive que es propio del fin de la civilización que conocemos, aunque ojalá lo sea con tintes menos dramáticos que los que nos asolan hoy.

En todo caso, agarrémonos que vienen curvas pronunciadas para la gran mayoría.

Vamos a vivir la peor etapa de la historia, que dejará pequeño el drama de la segunda posguerra mundial.

Y es que ahora, a la pobreza y el infortunio de muchos, se unirán la ausencia de horizonte que viene de la mano de la falta de valores en la mayoría y el intento de dominación del mundo por los más mediocres, montados a lomos de populismos tan descarados como imperceptibles por sociedades auténticamente depauperadas.

Alguien dirá que siempre puede albergarse alguna esperanza. Sea pues, aunque dicho postulado ya no cuente con mi adhesión.

Los que tengan la suerte de creer, que vayan rezando.

Jorge-Oswaldo Cañadas Santamaría.