Je suis Parisien

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Cuando nos sobresalta una tragedia como la que tuvo lugar anteanoche en París, la aldea global se estremece y nos acercamos en tiempo real al escenario de los hechos, gracias al avance de la tecnolgía. Y es que hoy todos llevamos un teléfono inteligente en el bolsillo, capaz de tomar fotografías y vídeos y de transmitirlos de forma inmediata a través de Internet.

También las redes sociales bullen y más allá de su inmensa utilidad como vía de comunicación de emergencia, todos sus moradores se sienten concernidos a echar su cuarto a espadas. Y así, junto a los mensajes de sentimiento y solidaridad, las opiniones de todo signo se cruzan de continente a continente.

Dolor, impotencia y rabia aparte, quiero dejar aquí un par de reflexiones.

Cuando todavía se hablaba de una cifra de aproximadamente 60 fallecidos, un abogado con cierto número de seguidores en Twitter, ya se quejaba del recorte de libertades que suponía la declaración del estado de urgencia en Francia y el anuncio de cierre de sus fronteras. Pues bien, el debate acerca de la correlación que puede darse entre el aumento de la seguridad y el recorte de libertades, es perfectamente legítimo. Lo que para mí no lo es, es avivarlo en redes sociales mientras en el mundo real todavía se cuentan cadáveres.

La segunda reflexión es de admiración y sana envidia. Cuando los parisinos desalojaban el estadio de fútbol de Saint Denis, lo hacían entonando su himno nacional. Será que Francia conserva parte de su grandeur, de la que es exponente aquella escena de la inolvidable Casablanca que dejo a continuación.

Jorge-Oswaldo Cañadas Santamaría