Corrupción

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Esta mañana, de camino al trabajo, he coincidido con las mismas personas con las que suelo hacerlo habitualmente. Llevamos un horario y camino parecidos, así que solemos cruzarnos. Supongo que hace años nos habríamos intercambiado un saludo, pero de eso, en los tiempos que corren, ni hablamos…

El caso es que durante un buen trecho he llevado detrás una pareja que conversaba en un tono de voz alto que hacía imposible no oír.

Pues bien, una de las señoras le contaba a la otra como se había concertado con su jefe, propietario de un establecimiento de hostelería, para fingir un despido, teniendo claro que eso no le daba derecho a indemnización alguna, pero que le servía para cobrar el paro al que de otro modo no tendría derecho. ¡Con un par!.

Se nos llena la boca hablando de corrupción de la clase política. Pero yo cada vez estoy más persuadido de que el que no la hace, es únicamente porque no puede.

Que pena.

✍️ Jorge-Oswaldo Cañadas Santamaría.

Educación general básica

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Así se llamaba el periodo de estudio obligatorio cuando yo lo cursé. Desde entonces, las sucesivas variaciones que ha sufrido, lo han sido desde la parcialidad y aún el sectarismo políticos. Fruto de ello es la pérdida de su esencia, aquella que reflejaba su nombre.

La reflexión viene a cuento de que no acostumbro a leer los recursos devolutivos que se interponen contra mis decisiones. El tiempo es escaso y la lectura que hago de la resolución que los decide, es suficiente para saber si erré en algo y en qué. Pero en ese trance, me resulta llamativo que cada vez sean más las censuras al abogado recurrente por cargar personalmente contra el juez cuya decisión se revisa.

Ojeando los casos en que sucede tal cosa, aprecio que los abogados autores de los exabruptos adolecen de enormes carencias de conocimientos jurídicos y, en muchas ocasiones, también de lengua, en sus dimensiones gramatical y ortográfica y de lógica, en el plano de expresión.

Al hilo de todo esto, en los últimos días también he leído en blogs jurídicos de diversa factura, enriquecedoras reflexiones sobre la mala educación de algunos jueces.

Inicié mi andadura profesional como abogado en 1993 y en esa condición trabajé durante 18 años, hasta hacerme juez. En mis orígenes, eran poquísimos los jueces y los abogados de los que pudiera predicarse su mala educación. Con el transcurrir del tiempo, estimo que ambos cuerpos profesionales se han ido degradando en este plano, hasta rozar muchas veces el límite de lo tolerable.

Los malos modos pueden llegar a ser constitutivos de infracción profesional de diverso grado. Ahora bien, siempre, siempre, entrañan falta de respeto y desprecio al servicio público de la justicia y al ciudadano al que todos nos debemos.

La justicia, se pida o se imparta, es, por esencia, conocimiento, reflexión y empatía. Quien no las tenga o las haya perdido, debería volver al principio, a la educación general básica.

✍️ Jorge-Oswaldo Cañadas Santamaría.