La fiebre de los niños exclusivos

Blog Es Justo

Como encargado de Registro Civil, me compete la inscripción de los nacimientos.

Atrás han quedado los tiempos de las incontables imposiciones de José o María, el nombre de los abuelos o el patrón del lugar.

Pero en los tiempos actuales, nos hemos desbordado.

A las muchísimas inscripciones de hijos nacidos de una pareja extranjera, con nombres que ni sabría escribir, ni pronunciar, se une la fiebre de la elección del nombre más raro posible por parte de los progenitores patrios.

Se trata, a toda costa, de que el bebé que viene al mundo sea distinto a todos.

Y para ello se buscan nombres celtas, mayas, visigodos o de cualquier otra cultura ancestral. Todo con tal de que no se hayan escuchado antes.

Los resultados varían. En algunas ocasiones, las menos, se producen nombres originales. Pero las más, me viene a la cabeza el bebé que inscribo, ya de mayor, pasando factura a sus papás por la ocurrencia.

Lástima que pocos de esos padres perseveren en la búsqueda de la distinción de sus hijos, a lo largo de sus trayectorias vitales, por la excelencia de sus cualidades personales y se queden en la etiqueta del nombre.

Lo cierto es que a mí los bebés me parecen todos iguales o muy parecidos, a diferencia de los hombres y mujeres en los que se convierten con el paso de los años.

Jorge-Oswaldo Cañadas Santamaría.